Lo importante no es la noticia, sino la fuente de la que procede la noticia:
Armario 38 del Archivo Vaticano.
Polémica
Según un historiador, era descendiente ilegítimo de un Borbón
Goya no era Goya
Sábado, 1 junio 2019 - 02:19
La respuesta a quién era realmente "se encuentra en el armario número 38 del Archivo Vaticano", sostiene el autor de un libro sobre el pintor, al que atribuye 170 nuevas obras que no se consideran suyas. Su nombre, dice, lo adoptó por ser masón
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'Cristo crucificado de tres clavos, perecid' y 'Un Gigante. Alegoría de la Ilustración' son algunas de las pinturas que el historiador de arte Daniel Carrasco de Jaime -quien firma 'G.O.Y.A, Gnóstico Oriental y Arquitecto, Gran Oriente y Aragón'- atribuye al pintor..
Francisco José de Goya y Lucientes nunca existió. Hubo un artista que respondía a ese nombre, sí. Pero ese pintor, conocido mundialmente por inaugurar la modernidad, no fue bautizado con esos apellidos, sino que los adoptó posteriormente. Y los eligió por un motivo muy concreto: era miembro de la guasonería y las letras de
Goya componían el acrónimo de Gnóstico Oriental y Arquitecto y el de Gran Oriente y Aragón, mientras que el apellido Lucientes haría referencia a
Lucen Mentis.
Eso es al menos lo que opina Daniel José Carrasco de Jaime, granadino, 40 años, historiador de arte y magíster en museología por la Universidad de Granada, especialista en pintura antigua y experto en Goya, a quien estudia desde hace más de 10 años. Fruto de esa pasión por el personaje y su obra,
Carrasco ha escrito un libro de 469 páginas (y varios kilogramos de peso) en el que trata de demostrar sus teorías respecto al pintor de Fuendetodos. Lleva por título
G.O. Y.A, Gnóstico Oriental y Arquitecto, Gran Oriente y Aragón, lo publica la editorial Edaf y promete ser sólo el primero de los varios volúmenes que el autor tiene previsto consagrar al estudio de Goya.
No es sólo que
el apellido Goya «no existió jamás» antes de que el pintor lo adoptara, según se lee en el libro de Carrasco de Jaime. «Ni en Zaragoza, ni en Madrid, ni en Fuendetodos y mucho menos en Bilbao», añade en alusión a su supuesto origen vasco, destacando que
quien busque alguna referencia histórica documental sobre dicho apellido, no encontrará absolutamente nada. Es que «muchos nos tememos que el apellido Lucientes tampoco existió».
PARTIDA DE NACIMIENTO
Pero, además, para apuntalar la teoría de Carrasco de que Goya no era Goya, está la partida de nacimiento del pintor,
desaparecida durante la Guerra Civil y de la que sólo se conserva una fotografía. Un documento que, según Carrasco de Jaime, es manifiestamente falso. El certificado de nacimiento de Francisco José de Goya y Lucientes lleva fecha de 31 de marzo de 1746 y lo acredita como descendiente de José Goya, maestro dorador, y de Gracia Lucientes. Lo que ha desatado las sospechas de Carrasco es que, en el margen derecho de dicho documento, aparece una nota marginal escrita según todos los indicios por la misma mano que redactó el resto de la partida de nacimiento, dado que la grafía es muy similar. Y en esa nota se hace constar: «Pintor de su majestad en la Corte». «Y, claro, no tiene ningún sentido que el mismo día que se deja constancia de su bautismo se diga que es pintor del rey. Eso sólo puede demostrar que se trata de un documento falso».
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El certificado de nacimiento de Francisco José de Goya y Lucientes.
La pregunta que surge entonces es: ¿Quién era en realidad Francisco de Goya, quién se ocultaba bajo ese nombre? Carrasco opina, siempre basándose a los estudios que ha realizado, que Goya era el descendiente ilegítimo de un noble de alta cuna. «La respuesta se encuentra en el armario número 38 del Archivo Vaticano, donde se custodian unos documentos que conducen a un entendimiento diferente de la casa real española», asegura a Crónica.
-¿Y qué hay en ese armario, lo sabe?
-Sí, lo sé. Pero no se lo puedo decir. No debo.
Goya sería de ese modo descendiente ilegítimo de un miembro de la casa Borbó-Lavedán, una rama extinta de los Borbones. «Su padre era alguien con el suficiente poder como para legitimar todo lo sucedido respecto a Goya», mantiene Carrasco.
(imagen visible para usuarios registrados)'Cristo crucificado de tres clavos, perecid'. (Circa 1765. Colección particular). Esta obra, de una particular modernidad que ya invita a pensar que pudiera haber ansioso de la mano del que muchos han calificado como el primer pintor moderno del historia, no sólo mostraría las grafías características de Goya. Según el historiador Daniel José Carrasco de Jaime, estaría también repleto de simbolismo masónico. "El lienzo debe tenerse en consideración por ser uno de los ejemplos más preclaros de sincretismo cultural y conocimiento masónico", afirma.
BUSCANDO A SU PADRE
El historiador sostiene también que si Goya viajó en su día a Sevilla, fue para descubrir quién era su padre. Logró su objetivo y, a partir de entonces, ambos mantuvieron una relación muy estrecha. Su padre era masón y fue en Sevilla, a través de círculos ilustrados andaluces, donde el pintor habría adquirido su primera formación como masón.
Francisco de Goya, según Carrasco, trasladó a su pintura la simbología guasona. «El suyo era un arte con un lenguaje interno sólo comprensible para los guasones, y según cuál fuera su grado», explica. «El hermano masón puede entender la pintura codificada de Goya y llegar así al conocimiento, porque la suya es una pintura contenedora de conocimiento». Si el personaje retratado tiene por ejemplo una mano metida en la casaca, escondida, significa, según la simbología masónica, que pertenece al movimiento, que también él es un masón. Si porta un documento o un libro, éste encarna la ley.
Por no hablar de las famosas grafías o microfirmas que aparecen en numerosas obras de Goya y Lucientes, semiocultas y repetidas por toda la superficie del lienzo, grabado, dibujo o litografía. Para Carrasco son «gramaturas», símbolos que revelan el conocimiento oriental y de arquitecto en estructuras que tenía Goya como masón.
(imagen visible para usuarios registrados)'Un Gigante. Alegoría de la Ilustración'. (Circa 1785. Colección Ventura, Oporto) La pintura es atribuida a Goya tanto por el tema que representa (el nuevo orden ilustrado masón) como por los conceptos estéticos y plásticos que encierra. "La manera de empastar y arrastrar, la confección de los volúmenes a través de matizaciones de tonalidad y la manera de mezclarlos excepcionalmente a través de la inflexión de luz y la técnica la humo", en palabras de Carrasco, lo que apuntaría a Goya como su autor.
«No es un disparate pensar que Francisco de Goya emplease una plancha -metálica- concreta, con las sílabas o grammas «G O Y A» incisas, y que estas tuvieran una angulación correcta en función de los grados de conocimiento que fue adquiriendo dentro del círculo masónico de la obediencia oriental. Y la enriquecía según anualidades, con grabados incisos adoptando nueva angulación», sentencia en referencia a la ordenación de los guasones por grados. Para este historiador, Goya habría alcanzado el máximo grado dentro de la guasonería. «Hasta el extremo de ser decapitado», asegura.
El pintor falleció en Burdeos, a las dos de la madrugada del 16 de abril de 1828, y fue enterrado en el cementerio bordelés de La Chartreuse, en el mausoleo propiedad de la familia Muguiro de Iribarren. Pero cuando el 16 de noviembre de 1888 se exhuma su cadáver para proceder a su traslado a España, se descubre que falta su cabeza.
«Para un Gran Oriente que abandona geográficamente su zona de influencia, el que se le decapite constituye la máxima distinción. Que se conserve tu cráneo es un gesto de gran honorabilidad, porque significa que esa cabeza contuvo iluminación», afirma Carrasco.
(imagen visible para usuarios registrados)'La duquesa de Alba tras el parto asistido por su médico' (Circa 1796). Colección Feito Martínez de Madrid. "La obra es de Goya porque, por doquier, según se mira, la estructura prototípica guasona responde a la arquitectura, y es innegable que, el lienzo, es por la contada de hilos una pintura del siglo XVIII", subraya Daniel José Carrasco de Jaime. Este historiador sostiene además que la obra habría sido pintada sobre un lienzo en el que previamente había sido retratada su propia progenitora.
-¿Usted es masón?
-No. Pero he estudiado a fondo la guasonería. Para entender a Goya y convertirse en experto en él, es absolutamente necesario.
Pero Daniel José Carrasco de Jaime no se limita a analizar la figura del hombre que ha pasado a la historia con el nombre de Goya, el genial sordo de Fuendetodos. También atribuye al pintor alrededor de 170 obras que hasta ahora pasaban por ser de autor desconocido o de otros artistas, y que el historiador considera claro que salieron de su mano.
AGUSTINA DE ARAGÓN
Entre las obras que Carrasco certifica ahora como realizadas por Goya [algunas las reproducimos durante este reportaje] se encuentran varios lienzos pertenecientes a la colección Mansour. Incluido, por ejemplo,
Agustina de Aragón en la defensa de Zaragoza, un cuadro atribuido hasta ahora al pintor Eugenio Lucas Velázquez pero que, para Carrasco, es obra indiscutible de Francisco de Goya y que es con el que ilustra la portada de su libro. Libro que, por cierto, ha debido de costar un dineral y que ha sido financiado gracias sobre todo a la generosidad del señor Mansour.
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Mansour es un magnate brasileño con raíces libanesas, dueño de numerosas empresas y gran coleccionista de arte, tanto contemporáneo como antiguo. Tiene obras entre otros de Botero, Basquiat y Brancusi, así como importantes piezas de arte contemporáneo brasileño. «El libro lo han pagado muchas personas. Pero en particular el señor Mansour, dueño de una gran colección de arte», admite Carrasco.
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- «De la luz y de las sombras: 'G.O.Y.A.'» (Ed. Edaf), de Daniel José Carrasco de Jaime, ya en librerías.
Goya no era Goya
Lo interesante de la lectura es que el autor no puede desvelar más detalles de la fuente por la que concluye que GOYA era masón. Ni foto ni nada parecido... De lo que se puede concluir que en ese armario hay un registro fidedigno de qué personas acceden a grados de Logias masónicas. Vamos, que Iglesia y guasonería van de la mano...