Grecia, la Fed y un Ibex que nadie se atrevía a tocar
Febrero de 2010. El Ibex 35 arranca el mes pegado a los 10.250 puntos, suelo que se prueba y se rompe un día sí y otro también, y con una idea clavada en la cabeza del mercado: España y Grecia son las dos únicas plazas europeas en rojo.
Ejpain & Grecian 2000, resume con retranca uno de los mensajes más repetidos de esas semanas. Detrás del chiste hay un dato incómodo. Mientras Fráncfort y París aguantan, la bolsa española se ha convertido en un activo que casi nadie quiere tener, solo prestar.
Los niveles que se manejan durante todo el mes lo confirman. El Stoxx ronda los
2.682 puntos y amenaza con el 2.696. El S&P 500 coquetea con los 1.103 y los 1.105. El futuro del Eurostoxx se debate entre 2.740 y 2.780. Y en casa, los
10.550 y los 10.850 actúan como resistencias que se prueban una y otra vez sin romperse con convicción. Casi todo el mundo va corto. Casi todo el mundo espera el desplome. Y el índice se niega.
La Fed sube el tipo de descuento y el mercado se gira
Uno de los momentos que rompe la calma del mes es la decisión de la Reserva Federal de subir el tipo de descuento
del 0,5% al 0,75%. El anuncio salta a media sesión y los futuros estadounidenses se hunden. Durante unas horas, la tesis del aterrizaje parece confirmarse: si el dinero deja de ser barato en Estados Unidos, el capital se marcha de los periféricos antes de que suene la campana.
No dura. Horas después el mercado se da la vuelta y buena parte de los que estaban cortos se ven obligados a cerrar. La explicación que circula es la de siempre: una mano fuerte sosteniendo el precio justo cuando debería caer. «Hay una manipulación tremenda en el mercado que le obliga a subir», sostiene un análisis que pone el foco en el Stoxx, el mini-S&P y hasta el eurodólar como prueba de movimientos que no responden a nada racional.
Es la primera vez en el mes que el relato del desplome se resquebraja. Y no será la última.
El rescate griego que llega por Bloomberg y se desmiente solo
El episodio griego es el otro gran eje. A las
16:48 un cable de Bloomberg apunta a que el banco público alemán KFW podría comprar bonos griegos como medida de emergencia. El mercado se dispara en minutos. La reacción llega con escepticismo incorporado: «Y ahora luego lo desmentirán y volverá a caer. Juegan como quieren con el rescate de Grecia».
No es paranoia barata. Es el patrón del mes: rumor, subida, desmentido y vuelta al punto de partida. Un día la bolsa rebota por una información que nadie firma; al siguiente se deshace sin que nadie explique por qué. En medio, quien opera a corto plazo intenta sacar cien puntos de cada bandazo, convencido de que el mercado se mueve por titulares y no por fundamentales.
La consecuencia es una desconfianza estructural hacia cualquier noticia que llegue sin firma. El mercado de febrero de 2010 no cree a los medios. Cree a los gráficos.
Ariad, la dilución y el yate que nadie quería soltar
El otro gran protagonista tiene nombre propio: Ariad Pharmaceuticals. La acción cotiza en torno a los
2,77 dólares tras un mes movido. En el punto de mira, una ampliación de capital de entre 20 y 30 millones de acciones registrada con un precio de referencia de
2,45 dólares por título, tomado de la cotización del día anterior. «Una dilución no la quita ni Dios», zanja uno de los análisis más citados.
La pelea está servida. Un sector sostiene que la maniobra es una jugada para negociar de tú a tú con Merck, el socio farmacéutico al que Ariad necesita. Otro recuerda que la acción ya estuvo en 2,60 y se fue a 1,9x en pocos días, y que quien vendió a tiempo dio gracias. Los históricos del valor, con la tabla de septiembre de 2009 a mano —apertura en 2,92, máximo en 2,94, mínimo en 2,70, cierre en 2,75 y
12,6 millones de títulos negociados—, avisan de que esa volatilidad no es nueva.
Y siempre queda el consuelo amargo del que sale y ve subir: «Ahora que ya salimos todos de Ariad se irá a los 20,00 USD». La respuesta es rápido: a 3,00 si acaso, pero antes está la oferta con rebaja a 2,45.
El Banco de España y las provisiones: el golpe que viene
Si hay un tema que recorre el mes de punta a punta es el de los activos inmobiliarios en los balances bancarios. La noticia de que el
Banco de España estudia elevar las provisiones por activos inmobiliarios cae como una losa. «El piño va a ser de órdago», se lee. No es una opinión aislada.
El diagnóstico que se repite es que los bancos tendrán que aflorar el agujero antes o después. «El día que quieran venderlos tendrán que rebajar un 50% el precio de balance», calcula un operador al hilo de la discusión. Lo que se debate no es si va a pasar, sino cuándo y a qué coste. Que las entidades vayan dotando poco a poco se interpreta como algo lógico: mejor reconocer el problema en cuotas que de golpe.
En paralelo, los resultados se desploman.
NH Hoteles comunica pérdidas de 97 millones de euros en 2009. Nadie se sorprende. Turismo y ladrillo son los dos indicadores que llevan meses señalando hacia abajo, y la bolsa empieza a ponerles precio.
Cómo se opera cuando no se sabe nada: hienas, leones y guepardos
Lo más interesante del mes no son las noticias, sino los métodos. Un operador desarrolla lo que él llama el planteamiento hiena: las hienas se alimentan de lo que dejan los leones o de lo que pueden robar a los guepardos. Los guepardos son los asustadizos, los que abren y cierran posiciones en minutos. Los leones son las manos fuertes, los que crean el mercado y no se pueden desafiar. «Resumiendo, no adivino tendencias, las sigo».
Otros reparten la semana en días clave. El 16 como cambio de tendencia a la baja. El 18 como repunte menor. El 19 como máximo de vencimiento de futuros. Y hay quien directamente asume que todo esto es un casino con gráficos: «Acertar eso es poco más que estadísticamente inviable, si sumas las probabilidades pierdes». Lo dicen a cuenta de las casas de apuestas que pagan por adivinar el cierre del Ibex antes de las
14:30.
La conclusión de fondo es incómoda para el que busca certezas: nadie sabe qué va a pasar, y quien dice saberlo está vendiendo algo.
La comisión que se come el beneficio antes de empezar
Entre tanto titular se cuelan cuestiones prácticas que casi nunca salen en los análisis. La más útil: el peso de las comisiones en operaciones pequeñas. Con 1.000 euros por operación y una comisión del
0,1% sobre el subyacente con un mínimo de 5 euros, se paga un 1% entre compra y venta. Con 5.000 euros, ese coste cae al 0,2%.
La conclusión es sencilla y demoledora: por debajo del mínimo de comisión, cada operación nace con una desventaja estructural. Da igual acertar la dirección. Se empieza perdiendo.
También aparece la pregunta clásica de quien empieza: ¿con cuánto se opera? ¿1.000 euros por entrada, 10.000 en total? La respuesta de fondo es que depende del producto. Un contrato de futuro del Ibex mueve mucho más que cualquier acción, y el apalancamiento corta por los dos lados.
El 80% que juega con el dinero del «amigo del banco»
No falta la pulla al inversor medio. «El
80% de los españoles se juega su dinero por lo que le dice su amigo del banco, que sabe la mitad y tiene el doble de intereses sobre la inversión». La frase resume una sospecha extendida: que la banca coloca producto propio antes que el mejor producto.
La respuesta no se hace esperar. «¿Por qué crees que lo vamos a perder todo?». Quien había lanzado el aviso de que esto es una ruleta se echa atrás: era una hipérbole, una forma de hablar. Y ahí se queda la cosa, con el pulso eterno entre quien cree que esto es un mercado y quien cree que es un casino con pantallas.
De fondo, una cifra que no aparece en ningún informe oficial pero que cualquiera que haya pisado una oficina bancaria reconoce: la distancia entre lo que se sabe y lo que se vende.
Febrero termina sin que nadie haya ganado la apuesta. El Ibex sigue en pie, los cortos siguen sin cobrar y los fundamentales siguen apuntando a un agujero que el Banco de España reconoce a cuentagotas. Cada mañana alguien vuelve a mirar el gráfico con la misma esperanza. Cada tarde el mercado le devuelve el mismo dato incómodo. Alguien, en algún sitio, está dispuesto a comprar todo lo que los demás venden. Quién y por qué sigue sin respuesta.