La oposición, la Justicia y el Rey estorban al presidente.
AL poco de tomar el poder en 2018 sin haber ganado los comicios,
Sánchez comentó en una entrevista algo que pasó desapercibido. Dejó caer que tenía un proyecto «hasta 2030» para darle la vuelta a España. En aquel momento, que un gobernante en posición tan precaria mostrase
tal ambición resultaba casi risible. Hoy ya no. Comienza a perfilarse que
existe un plan. Resumirlo es sencillo. Se trata de aflojar hasta el extremo las costuras del país para forjar una alianza de socialistas y separatistas, que permita a la
izquierda perpetuarse en el poder, aprovechando ese mando para inocular un
nuevo credo social pogre, donde todo lo situado a la derecha del
PSOE quede
estigmatizado como
regresivo e
inadmisible.
Lo primero que requiere
un plan así es dominar los
medios, fase ya culminada casi al completo. Todavía pervive el pluralismo en la prensa, que además conserva gran influencia con su éxito digital. Pero merced a la miopía del tándem Santamaría-Rajoy, la izquierda ostenta el
cuasi monopolio del medio decisivo para formatear la opinión pública: la televisión. Significativamente, la primera medida de Sánchez fue asaltar la
cadena pública (y el instituto nacional de encuestas).
La
revolución 2030 topa todavía con tres obstáculos correosos: la oposición, en realidad empatada en votos con el bloque de izquierda; los jueces, que como no podía ser de otro modo garantizan que se observe la legalidad; y el Jefe del Estado, que se atiene a su ineludible deber de defender el orden constitucional, empezando por la unidad de España y la soberanía del pueblo español, pilares sobre los que se asienta todo lo demás. La primera tarea de la autodenominada «
coalición pogre» es erosionar esos diques, hasta un punto en el que la opinión pública empiece a considerar plausible la posibilidad de derribarlos.
Sin explicitar
el plan, la piqueta ya está trabajando. La
oposición constitucionalista es vilipendiada y tachada de antisistema, mientras se lisonjea a los separatistas. La número 2 del PSOE, la muy básica Adriana Lastra, llegó a acusar en sede parlamentaria «a las derechas» de tramar «un
golpe de Estado». El presidente carga contra PP y Cs, a los que caricaturiza como
antidemócratas. Vox directamente es tachado de
extremista.
El segundo frente son los
jueces. La enfática promesa del PSOE y Podemos de «
desjudicializar» la política alberga en su entraña una pulsión totalitaria, pues lo que se está diciendo es que según los casos –¿al arbitrio de la «
coalición pogre»?–, el Código Penal quedaría en suspenso (ya está pasando con la inhabilitación de Torra). Cuando el vicepresidente Iglesias, el ministro Garzón y Echenique pregonan que «este país tiene un problema con la
derecha judicial», lo que están propugnando es que todos los
jueces habrán de ser
pogre, o no serlo.
Justicia de partido. Más totalitarismo.
El último obstáculo es Felipe VI. Misión ardua por su prestigio popular. Pero comienza el cerco. Ministros del nuevo Gobierno lo señalan como «un Rey de derechas» –¡porque defiende la Constitución y la unidad de España!– y Sánchez lo trata con cultivado desdén. El éxito del plan dependerá... de la lucidez de los españoles.
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La élite + ONU Agenda 2020-2030 (10 años):
(0:50)
2030 es la
fecha límite para poder hacer todos los
cambios necesarios con
fuentes de energías renovables, si no los hacemos ahora en
10 años los daños serán irreversibles eso dicen todos los expertos, por eso necesitamos que los Gobiernos se pongan del lado de la gente (ONU) . O estas del lado del problema o estas del lado de la solución, son
10 años decisivos no ya para que nuestros descendientes e hijas tengan un futuro digno sino para que simplemente tengan la posibilidad de tener futuro. Vamos a hacer todo lo que esté en nuestra mano para que el próximo Gobierno asuma la
Transición Ecológica y la lucha contra el
calentamiento global como una cuestión fundamental, urgente e importante, aprovechando todas las condiciones naturales de España para convertirnos en un referente en Europa y ojalá también en el mundo en
Transición Ecológica y
energías renovables. Pero ninguna de estas
propuestas va a ser posible si no hay millones de personas exigiendo en las calles en
Transición Ecológica y
energías renovables.