El SP 500 vuelve a máximos: cuatro años de apuestas sin fecha común
El SP 500 volverá a máximos. La duda es cuándo, y ahí se rompe cualquier consenso: hay quien daba por hecho un nuevo récord en el cuarto trimestre de 2023 y quien sitúa el siguiente pico en
2031, casi una década después del anterior. Entre una fecha y otra, media docena de escenarios igual de tajantes y ninguno comprobable.
El punto de partida lo fijaron los propios inversores: el índice marcó suelo en octubre de 2022 con un descuento del
25% sobre su máximo histórico y desde entonces encadena meses de subida. Primero cayó la resistencia de
4.200; después, la de 2021. Quien compró en el suelo presume de rentabilidad. Quien esperó a que se confirmara el suelo, sigue esperando.
¿Cuándo volverá el SP 500 a máximos históricos?
Nadie lo sabe. Las fechas que se barajan van del cuarto trimestre de 2023 a 2031, y cada una arrastra su propia lógica. La más pesimista habla de una
década perdida: el máximo anterior tardó diez años en repetirse, así que este podría hacer lo mismo. Otra corriente dibuja un rango lateral de
3.800 a 4.000 puntos durante varios años, sin ruptura al alza ni desplome a la vista.
Los que venían anunciando el fin del mundo tenían respuesta para todo, incluso para el rally. Primero fue que el suelo de octubre de 2022 no era un suelo; después, que el rebote era un espejismo; más tarde, que la fiesta se acabaría en verano. Cuando el índice pasó los 4.200 y aceleró, la narrativa cambió otra vez: ya no se discutía si subía, sino si quedaba alguien fuera del tren.
El ISM de 46,3 y la cuenta atrás de la recesión
El dato que más veces se ha citado como prueba de que la recesión está cerca es el
ISM manufacturero. En la lectura de marzo se situó en 46,3, frente a una estimación de 47,5 y a los 47,7 del mes anterior. Los nuevos pedidos bajaron a 44,3, los precios pagados volvieron a contraerse hasta 49,2 y la producción se quedó en 47,8. El empleo marcó su nivel más bajo desde julio de 2020.
La estadística que acompaña a ese número es la que da que pensar: desde 1948, el ISM ha estado en 46,3 o por debajo en dieciséis ocasiones. En doce de ellas —el
75%— la economía estaba en recesión o a punto de entrar. Las cuatro excepciones se reparten entre abril de 2003, enero de 1996, abril de 1967 y abril de 1952. Tres aciertos de cada cuatro no es un mal porcentaje. Tampoco es una certeza.
De ahí sale el argumento más incómodo para quien compra hoy: la bolsa suele tocar fondo
once meses de media después del inicio de la recesión. Si el reloj ya arrancó, el suelo queda lejos. Y hay una grieta visible entre dos mundos: los inversores de renta variable apuestan por que no habrá recesión, mientras los de renta fija la dan por inevitable y lo reflejan en las expectativas de tipos y en la curva invertida.
El patrón de décadas: diez años de subidas y diez laterales
Hay una teoría que circula con fuerza y que explica por qué 2031 no suena descabellado: la bolsa se comporta por décadas. Subidas de 1990 a 2000, década perdida de 2000 a 2010, subidas de 2010 a 2020 y, según esta lectura,
década perdida también de 2020 a 2030.
Con ese marco, el periodo actual no daría retornos y sí caídas muy duras, parecidas a las de los setenta y a las del año 2000. Es una hipótesis, no un destino: el mismo gráfico admite una lectura menos dramática, la de simple casualidad estadística. Tiene, eso sí, un mérito indudable. Explica el pesimismo sin necesidad de catástrofes ni de cisnes negros.
Inflación, beneficios nominales y el rally que da miedo
La explicación más simple de la subida no tiene nada que ver con el optimismo. Con la inflación anualizada en torno al
2% en las últimas lecturas mensuales, el empleo fuerte, alzas salariales previstas para 2024 y 2025, consumo resistente y recortes de tipos en el horizonte, los beneficios empresariales crecen en términos nominales. La bolsa sube porque los precios suben. Basta mirar Argentina o Venezuela para verlo a lo grande.
Es una subida nominal, no necesariamente real, y eso incomoda a quien mira el poder de compra. Aun así, el contexto —inflación contenida, empleo sólido, dinero barato de vuelta— funciona como un chute para cualquier índice. Que queden voces repitiendo la palabra recesión solo añade combustible: si alguien se pone corto en máximos, el cierre forzoso de esas posiciones puede ser el último empujón. Algunos ya colocan el objetivo en
5.200 puntos.
Vender con un 35% de plusvalía o seguir metiendo cada mes
Ahí está la trinchera real. Unos defienden el goteo mensual, pase lo que pase, como la única estrategia que no exige acertar. Otros lo consideran una simpleza y prefieren decidir: comprar cuando parece barato y vender cuando parece caro. Los números que se exhiben en este segundo bando son contundentes: un fondo tecnológico cerrado con un
35% de ganancia bruta y un fondo indexado al SP 500 liquidado con un
26%.
El problema es el coste de equivocarse en la fecha. Un 25% por debajo del máximo histórico no parece mal sitio para entrar, pero un 25% tampoco fue el suelo de 2000 ni el de 2008. Y quien se queda fuera esperando el desplome del 40% o del 50% lleva años pagando la espera. Las cuentas completas de ambos bandos, con sus entradas y salidas una por una, dan para un análisis que no cabe aquí.
Si algo deja claro el recorrido, es que el próximo récord llegará antes de 2031 y después del próximo susto. Cuándo exactamente, con qué inflación y con qué banco central, sigue sin respuesta. Quien pone fecha lo hace por intuición.