La fiebre de la plata choca con mineras que no despegan
Un inversor suelta 50.000 dólares en First Majestic a un precio medio de 5,77 dólares. Su tesis: la plata vale más, la minera vale 10. Los mercados caen, el crudo se hunde y la acción ni se inmuta. Durante meses, ese es el resumen de la relación amor-odio del mercado con las mineras de plata: el metal sube, ellas se quedan.
Detrás del espejismo del apalancamiento hay un problema estructural. Las mineras no son una beta limpia del precio de la plata. Les afecta el crudo, el tipo de cambio, los costes operativos y, sobre todo, la dilución.
El lastre de la dilución
En el caso de First Majestic, el ejemplo es contundente. A 5,87 dólares, la compañía tenía la misma capitalización bursátil que a finales de 2020, cuando cotizaba a 13,42 dólares. Es decir, el precio no ha caído por el metal, sino por los papeles emitidos en la compra de Jerritt Canyon, una mina que hubo que cerrar porque no era rentable. La dilución es el impuesto que pagan los accionistas cuando la directiva compra caro.
No es la única. La mayoría de las grandes plateras —Fresnillo, PAAS, CDE, HL— cotizan con descuento respecto a sus máximos de 2020-21. El ETF SIL, el más utilizado para apostar por el sector, sigue lejos de aquellos niveles mientras la plata ronda los 32-35 dólares.
Días de corrección: el mercado manda
Hubo una sesión que lo resumió todo: las plateras cayeron de media un 7% mientras los futuros de la plata cedían solo un 1,36%. Discovery Silver se dejó un 11,4%; Silvercorp, un 6,87%. El oro caía por debajo de 2.900 dólares y el bitcoin, más de un 5%. La explicación no era el metal, sino la liquidez: el dinero se estaba drenando hacia letras del Tesoro de EE.UU. Cuando la marea de liquidez baja, las mineras son las primeras en enterarse.
Ese comportamiento refuerza a la vieja escuela que prefiere la plata física o los ETF. ¿Para qué asumir el riesgo operativo de una minera si el metal te da exposición directa? La respuesta de los alcistas es el apalancamiento: cuando el metal despegue, las mineras multiplicarán el movimiento. Lo que no dicen es que cuando el metal corrige, la multiplicación juega en contra.
El caso New Pacific y el ruido político
Nada como un junior para demostrar que el sector vive al filo. New Pacific Metals se revalorizó cinco veces en un año, hasta que anunció una ampliación de capital de 35 millones de dólares canadienses y se dejó un 14% en una sesión. Silvercorp, su mayor accionista, confirmó que participará en la operación, lo que abrió la puerta a una opa. Por medio, el resultado electoral en Bolivia, donde el presidente entrante, Rodrigo Paz, nacido en Galicia, era visto como favorable a la minería. La política manda más que el precio de la plata.
El sector junior está lleno de estos sustos. Golden Tag —ahora Silver Storm—, Vizla Silver, ITRG: todas prometen, pocas producen. Las grandes fusiones no acaban de llegar. Se han visto operaciones como First Majestic con Gatos Silver o PAAS con MAG Silver, pero el índice de pequeñas mineras GDXJ sigue lejos de sus máximos de 2011. Mientras las grandes venden activos y las pequeñas sobreviven a base de ampliaciones, la consolidación prometida sigue en el papel.
La gran pregunta: ¿cuánto hay que esperar?
Hay quien ve una corrección inevitable, incluso violenta, citando el precedente de 2008, cuando la plata cayó un 50%. Otros señalan que el contexto es distinto: los bancos centrales acumulan oro y venden deuda, y el FOMO llegará cuando el oro supere los 4.000 dólares y la plata los 50.
Mientras tanto, un inversor que entró en First Majestic reconoce que fue un error elegir ese valor, pero no se baja del burro. La cadena de plata de 67 centímetros y el crucifijo de oro blanco que alguien presume haber comprado para lucir por el barrio son la versión física del mismo optimismo. El metal brilla; las hojas de cálculo de las mineras, todavía no.