Tinder, ¿fin de una era?
Los creadores de Tinder han reconocido que el modelo de ligar con la app está llegando a su fin. Caída en bolsa y un conflicto de intereses insalvable: si la app empareja rápido, los usuarios se van. El negocio no está en que encuentres pareja, sino en que pases horas deslizando.
Las consecuencias van más allá de lo económico. Hombres que apenas reciben matches ven mermada su autoestima; mujeres, en contraste, enfrentan un exceso de opciones que distorsiona las expectativas. «Miles de tías ven tu perfil y pasan de largo, día tras día», resume un análisis. El resultado: una generación que ha quedado trastornada, con los únicos ganadores siendo los que ya tenían éxito sin app.
Tinder ni siquiera es una app de citas: es una máquina de engagement. Que sus propios fundadores lo admitan puede ser el principio del fin. O quizá sea tarde: el daño a una generación ya está hecho.
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