El «go woke go broke» no cuadra: la ideología que sí factura
Si cada producto marcado por el activismo comercial quebrara, medio catálogo de las grandes marcas llevaría años en liquidación. No es el caso. La franquicia literaria de Dune, cuyos libros se estiman en una recaudación histórica de entre 300 y 400 millones de dólares en todo el mundo, lleva medio siglo vendiendo lo mismo que después revendieron sus películas y sus videojuegos: una marca con relato. La consigna de que «irse woke» arruina el negocio suena bien en un titular, pero se estrella con los balances.
Las Habladoras Pez: un ejército que administra, espía y ejecuta
En el centro del asunto está la lectura que se hace de la saga. Leto II levanta un cuerpo armado exclusivamente femenino —las Habladoras Pez— que no es solo ejército: es la administración del imperio, su sacerdocio, su red de espías y, cuando toca, su servicio de asesinato. Al frente coloca, milenio tras milenio, una sucesión de gholas de Duncan Idaho, su forma de tener siempre a un Atreides obedeciendo. La interpretación más cínica —y no por ello menos sólida— es que Herbert no repartía género, repartía obediencia: nadie sospecha de quien administra y ejecuta a la vez.
Hay un detalle que desmonta la lectura comercial: Herbert escribió Dune cuando un videojuego no pasaba de ser «un punto y una raya». Hoy la saga funciona al revés, primero el videojuego y la película, después el libro.
El negocio está en el relato, no en la nómina
De ahí salta la sospecha al conjunto de la industria. Se argumenta que la inclusividad en el videojuego es escaparate y no empleo, y que si meter cuotas diera beneficio ya estarían deslocalizando a cualquier plaza sin filtro. Los pronósticos que prometían «niños millonarios» gracias a las TIC conviven hoy con programadores en paro. Y el patrón se repite: quien firma el informe cobra sus conferencias pase lo que pase.
¿Cuánto de ese relato es convicción y cuánto, simple nómina a fin de mes?