Son un fenómeno curioso. Primero te exponen su ideología, hablándote, con su prepotencia característica, de las bondades del libre mercado y lo negativo del socialismo (que para ellos es pagar impuestos y cuatro cosas que le ha contado Escohotado de que Marx no trabajaba)
Acto seguido comienzan a decirte que te prepares, que no vas a tener pensión (llevan décadas repitiendo lo mismo) que la próxima crisis está al caer, que te van a okupar, que ahorres y aprendas a vivir con menos, que ahorrar no basta, que hay que invertir, que los instrumentos de ahorro no cubren la inflación, que te reinventes, que haber estudiado, que emigres, que vayas a bolsa, que hagas baños de frío que si hubieras comprado en 2014 serías rico, que te compres mi curso de camino al éxito, que te abras un fondo, que Warren Buffet dijo...
Claro, cuando todo se le carga a la persona el índice de explotación se dispara y la plusvalía también. Así claro que todo funciona de maravilla.
Y mientras van desinvirtiendo en servicios públicos, precarizando (Hire slow, fire fast, dicen) y te lo venden como algo natural. Chico, es el egoísmo humano.
Una vez abrí un video de uno de estos gurús de las finanzas donde te mostraba los pasos, según él, para alcanzar la libertad financiera para toda tu vida. Primer paso: consigue la cifra mágica de cien mil euros (como sea) No es coña, ese era el primer consejo.
Te sueltan el mantra de que para acabar con la pobreza hay que generar riqueza, pero ninguno quiere realmente dar palo al agua, solo ponerse un traje y predicar. Todo es riesgo, inversión, innovación, pero nunca trabajo. Eso para los demás. No se dan cuenta de que sus mantras no generan riqueza, que son los discursos y mistificaciones de los que YA TIENEN riqueza.
Consejos de millonarios riéndose de quienes los imitan.