El tema es que hay un detalle importante: ¿Quién los contratará? ¿Dónde estarán sus clientes? Sin el abogado, el programador, sin el diseñador gráfico, sin las piezas faltantes del puzzle... Sin gente que pueda comprar una casa, formar una familia, y mantener una instalación eléctrica o arreglarse el desagüe de un fregadero... ¿qué trabajo tendrán?
Por si fuera poco, parece que ya tenían previsto que la mano de obra poco cualificada no sería tan fácil de sustituir ¿o sí? ¿con millones de trabajadores extranjeros tal vez?
A diferencia de otras "revoluciones industriales", aquí quedan demasiadas preguntas sin responder, demasiadas incógnitas, y algunas de ellas delante de nuestras narices, obvias, que nadie parece haberse planteado, y sinceramente aterradoras, como por ejemplo:
¿Qué va a pasar con las personas que no quieran participar tomando este camino suicida y quieran salir de la absurda y autodestructiva evolución de la carrera de la ardilla a los juegos del hambre?
Solo nos hablan de su propaganda aparentemente buenista, de las "bondades" de su nuevo mundo y que no deja de ser un pliego de draconianas condiciones.
La gracia es que la respuesta la sabemos, también sabemos que la saben, lo verdaderamente llamativo es que no la contestan que dan la apariencia de no habérsela planteado, y lo peor: Que sorprendentemente ninguno de nosotros les ha hecho la pregunta a la cara.