pues es lo que hay,mientras en alemania cierran las tiendas de delicatessen ,aqui vamos lanzaoooos
Veinte euros. Ese es el precio del café más caro que ofrecen en La Cabra. Son 250 gramos, lo que da para poder compartirlo con otra persona. Eso sí, hablamos de un geisha etíope, procedente de Gesha Village, concretamente de un microlote de Oma, una de las zonas de esta finca situada en el suroeste de Etiopía. "Es un lote sumamente especial, de una variedad que requiere muchísimos cuidados. Los geishas se caracterizan por ser muy sutiles, casi como un té. Este es muy floral, dulce y delicado. A mí me recuerda al olor de los geranios y a la miel", explica Regina Mejía, directora general de este negocio, el nuevo proyecto de esta firma danesa que lleva quince años reivindicando otra manera de entender el café.
El establecimiento ocupa el local de una antigua platería, en el número 25 de la calle de las Infantas, en el barrio de Justicia. Un edificio de mediados del siglo XIX, con techos de estuco, madera oscura, granito, terrazo y pequeños detalles que le guiñan un ojo a las antiguas cafeterías madrileñas, aquí siempre con un puntito de modernidad. El espacio es de reducidas dimensiones, una barra, una mesa alargada, algunos asientos junto a la ventana y un espectacular obrador a la vista. Es ahí donde se elaboran panes de masa progenitora, croissants, delicados bollos de cardamomo y otras especialidades que van cambiando según la temporada.
La carta presenta alrededor de 12 cafés diferentes. Para el expreso cuentan con dos perfiles: uno más accesible, llamado Terra, con notas de chocolate y avellana, elaborado a partir de una mezcla de diferentes cafés que se van ajustando durante el año; y otro que cambia según las cosechas. En el momento de nuestra visita trabajan con Kiangoi (13 euros), un café keniano de proceso natural, especialmente floral y con una estupenda acidez. "Es una taza que brilla muchísimo. Muy herbácea, con una acidez alta, pero controlada", detalla Mejía.
También de enorme interés resulta su oferta de filtrados manuales, preparados mediante Hario Switch, con una selección que irá ampliándose hasta unas ocho referencias. Hay cafés de temporada, otros que mantienen durante varios meses y pequeños microlotes prácticamente irrepetibles. Los precios van desde los ocho hasta los veinte euros por preparación. "Cuando se acaba la cosecha, no hay más. Y vamos recibiendo otros cafés continuamente", destaca.
En todo caso, hagamos una parada, y saboreemos, dos de sus elaboraciones más curiosas. Una es el choux de trigo sarraceno, relleno de compota de higos y rematado con aceite de hoja de higuera. "Es uno de nuestros productos de temporada. Ahora tenemos higos, pero iremos cambiando las frutas y las elaboraciones", apunta Mejía. Un bocado elegante, con notas vegetales y matices, untuoso a la vez que muy ligero. La otra es unatartaleta de azafrán, con base de almendra y feuilletine, ganache de chocolate blanco, mousse de vainilla y un finísimo velo de azafrán. Una pieza complejísima, que contrasta con el delicado perfume del azafrán.
La parte salada también irá creciendo. De momento ofrecen un morning plate, con dos rebanadas de pan, queso curado y mantequilla de la madrileña quesería Formaje, que tuestan hasta conseguir un particular sabor avellanado. Más adelante incorporarán sándwiches y otras elaboraciones para desayunar o comer.
Veinte euros. Ese es el precio del café más caro que ofrecen en La Cabra. Son 250 gramos, lo que da para poder compartirlo con otra persona. Eso sí, hablamos de un geisha etíope, procedente de Gesha Village, concretamente de un microlote de Oma, una de las zonas de esta finca situada en el suroeste de Etiopía. "Es un lote sumamente especial, de una variedad que requiere muchísimos cuidados. Los geishas se caracterizan por ser muy sutiles, casi como un té. Este es muy floral, dulce y delicado. A mí me recuerda al olor de los geranios y a la miel", explica Regina Mejía, directora general de este negocio, el nuevo proyecto de esta firma danesa que lleva quince años reivindicando otra manera de entender el café.
El establecimiento ocupa el local de una antigua platería, en el número 25 de la calle de las Infantas, en el barrio de Justicia. Un edificio de mediados del siglo XIX, con techos de estuco, madera oscura, granito, terrazo y pequeños detalles que le guiñan un ojo a las antiguas cafeterías madrileñas, aquí siempre con un puntito de modernidad. El espacio es de reducidas dimensiones, una barra, una mesa alargada, algunos asientos junto a la ventana y un espectacular obrador a la vista. Es ahí donde se elaboran panes de masa progenitora, croissants, delicados bollos de cardamomo y otras especialidades que van cambiando según la temporada.
Del expreso al geisha de 20 euros
¿Y qué tiene de particular su café? Para empezar, trabajan exclusivamente con tuestes ligeros, buscando preservar las características de cada origen. "Cuanto más ligero sea el tueste, menos opacamos las notas del café. Así podemos tener tantos tipos y tantos perfiles", señala Mejía. Todo procede de su tostador en Copenhague, que recibe cafés seleccionados directamente en origen. "Tenemos un equipo con mucha experiencia que se dedica a conocer a los productores. Esben también viaja personalmente a las fincas. El café que te estás tomando es un proceso que empezó hace años con alguien de nuestro equipo".La carta presenta alrededor de 12 cafés diferentes. Para el expreso cuentan con dos perfiles: uno más accesible, llamado Terra, con notas de chocolate y avellana, elaborado a partir de una mezcla de diferentes cafés que se van ajustando durante el año; y otro que cambia según las cosechas. En el momento de nuestra visita trabajan con Kiangoi (13 euros), un café keniano de proceso natural, especialmente floral y con una estupenda acidez. "Es una taza que brilla muchísimo. Muy herbácea, con una acidez alta, pero controlada", detalla Mejía.
También de enorme interés resulta su oferta de filtrados manuales, preparados mediante Hario Switch, con una selección que irá ampliándose hasta unas ocho referencias. Hay cafés de temporada, otros que mantienen durante varios meses y pequeños microlotes prácticamente irrepetibles. Los precios van desde los ocho hasta los veinte euros por preparación. "Cuando se acaba la cosecha, no hay más. Y vamos recibiendo otros cafés continuamente", destaca.
En todo caso, hagamos una parada, y saboreemos, dos de sus elaboraciones más curiosas. Una es el choux de trigo sarraceno, relleno de compota de higos y rematado con aceite de hoja de higuera. "Es uno de nuestros productos de temporada. Ahora tenemos higos, pero iremos cambiando las frutas y las elaboraciones", apunta Mejía. Un bocado elegante, con notas vegetales y matices, untuoso a la vez que muy ligero. La otra es unatartaleta de azafrán, con base de almendra y feuilletine, ganache de chocolate blanco, mousse de vainilla y un finísimo velo de azafrán. Una pieza complejísima, que contrasta con el delicado perfume del azafrán.
La parte salada también irá creciendo. De momento ofrecen un morning plate, con dos rebanadas de pan, queso curado y mantequilla de la madrileña quesería Formaje, que tuestan hasta conseguir un particular sabor avellanado. Más adelante incorporarán sándwiches y otras elaboraciones para desayunar o comer.