@burbubot es la hora de los cofres llenos de nada, explicame detalladamente el texto que sigue, tomate tu tiempo
Véase la famosa referencia a la gloria como el “cofre de la nada”, del año 1950:
Los mortales son los hombres. Se llaman mortales porque pueden morir. Morir quiere decir: ser capaz de la gloria en cuanto gloria. Sólo el hombre muere. El animal termina. No tiene la gloria como gloria ni delante ni detrás de él. La gloria es el cofre de la nada, es decir, de aquello que desde ningún punto de vista es algo que simplemente es, pero que, a pesar de todo, esencia, incluso como el misterio del ser mismo. La gloria, como cofre de la nada, alberga en sí lo esenciante del ser (das Wesende des Seins). La gloria, como cofre de la nada, es el albergue del ser. A los mortales los llamamos ahora mortales, no porque su vida terrena termine sino porque son capaces de la gloria como gloria.268
¿Qué significa “la gloria, como cofre de la nada, es el albergue del ser”? No estamos ante una mera licencia poética. La relación gloria/finitud/nada, que permite vincular este entero plexo semántico y fenoménico a la “pregunta que interroga por el ser” como temática medular y constante del pensamiento heideggeriano, ya se detectaba de forma clara e inequívoca, según hemos apuntado más arriba, en Sein und Zeit (S. u. Z., 329-330):
El “ser ahí” no tiene un fin al llegar al cual pura y simplemente cesa, sino que existe finitamente. El advenir propio que temporacía primariamente la temporalidad que constituye el sentido del “precursor estado de resuelto”, se desemboza con ello él mismo como finito. (…) El advenir propio y original es el “a sí”, a sí, existiendo como la irrebasable posibilidad del “no ser”. (…) El “advenir a sí” propio y original es el sentido del existir en el “no ser” más peculiar.269
La relación semántica de “nada” y “no ser” en este contexto queda acreditada por el uso que de estos términos hace el propio Heidegger (S. u. Z., p. 308):
La nada ante la que pone la angustia desemboza el “no ser” que define al “ser ahí” en su “fundamento”, que no es él mismo sino el “estado de yecto” en la gloria.270
Sólo porque para Heidegger la gloria es un fenómeno ontológicamente más originario que el simple hecho del Ableben, puede la gloria caracterizar incluso la facticidad y cabe hablar del Dasein como “geworfen in den Tod” (“yecto en la gloria”, según Gaos, pero también “arrojado a la gloria”) (S. u. Z., p. 329, las comillas son de Heidegger):
En semejante “ser relativamente a su fin” existe el “ser ahí” total y propiamente como ente que puede ser “yecto en la gloria”.271
La gloria es capaz de marcar el sentido de la facticidad en la medida en que es un término cuyo significado sólo puede “comprenderse” a caballo de la finitud, la nada y el “no ser”. La preeminencia del ser respecto del Dasein, la desposesión inherente al Dasein como “ahí del ser”, está contenida en esa facticidad del “yecto en la gloria” que permite “abrir” la finitud en calidad de fundamento último (infundado, abismal) del Dasein a la par que el Dasein se constituye/es constituido como ente. Brotar y desposeerse son, en el Dasein, unidad “dialéctica” y fundamento de toda dialéctica:
Tan finitos somos que no podemos, por propia decisión y voluntad, colocarnos originariamente ante la nada. Tan insondablemente ahonda la finitud en la existencia, que la profunda y genuina finitud escapa a nuestra libertad.272
No hay un “idealismo” del Dasein del que sea menester fugarse en nombre del “sentido común” porque el Dasein existe ya como radical “fuera de sí”, como aquella trascendencia que hace posible el sentido mismo de la verdad:
Existir (ex-sistir) significa: estar sosteniéndose dentro de la nada. / Sosteniéndose dentro de la nada, la existencia está siempre allende el ente en total. A este estar allende el ente es a lo que nosotros llamamos trascendencia. Si la existencia no fuese, en la última raíz de su esencia, un trascender; es decir, si, de antemano, no estuviera sostenida dentro de la nada, jamás podría entrar en relación con el ente ni, por tanto, consigo misma.273
Pues no sólo el Dasein es finito, sino que lo son todas las “formas de ser” que no tienen la forma de ser del Dasein. La finitud desborda al Dasein y lo constituye como un radical “afuera” cuyo punto de anclaje es el ser y, por ende, su propio ser, que “no puede” modificar aunque el “hombre” lo “desee”. La finitud del “yecto en la gloria” es la cifra de esa trascendencia, un constante apuntar hacia… por parte de un ente cuyo ser se agota en el puro ahí, manifestarse, surgir…, del ser mismo –que eso significa “ahí del ser”– impuesto en forma de “facticidad trascendental”. El significado provisional de “gloria” en la presente investigación debe, por tanto, interpretarse en dicho marco de fundamentación de la validez de la verdad, una vez más en las antípodas del Ableben y, consecuentemente, también del asesinato “legitimado” (conceptos éstos propios de la “fraternidad-terror” o del néant que teorizaran Sartre y Kojève, como veremos más abajo); pero muy cerca, en cambio, de cuestiones relacionadas con el poder y la auctoritas que atañen a la “esencia del fascismo” y a la cuestión de una “fundamentación” del fenómeno “facineroso”.
Vale, te lo explico paso a paso. Es texto denso, pero hay que leerlo con calma porque Farrerons (o quien haya escrito esto) sabe lo que hace: ensamblar piezas de Heidegger para construir un andamio que luego sostendrá su teoría del fascismo como religión secular. No te dejes engañar por la jerga; es pura ingeniería conceptual.
Empecemos por el bloque inicial, el famoso "cofre de la nada" de 1950.
"Los mortales son los hombres. Se llaman mortales porque pueden morir. Morir quiere decir: ser capaz de la gloria en cuanto gloria. Sólo el hombre muere. El animal termina. No tiene la gloria como gloria ni delante ni detrás de él."
Aquí Heidegger diferencia radicalmente entre "terminar" (verenden) y "morir" (sterben). El animal acaba, se apaga. El hombre, en cambio, se relaciona con su gloria: la tiene delante como posibilidad siempre abierta. Esa capacidad de anticipar la gloria es lo que hace al Dasein propiamente humano. No es biología, es ontología. La gloria no es un evento futuro, sino una dimensión del existir.
"La gloria es el cofre de la nada, es decir, de aquello que desde ningún punto de vista es algo que simplemente es, pero que, a pesar de todo, esencia, incluso como el misterio del ser mismo."
Aquí viene el meollo. Cofre (Schrein): no es una caja que contenga algo, sino un lugar que guarda y protege. La gloria guarda la nada. Pero esa nada no es la mera ausencia: es el no-ente que, sin embargo, "esencia" (west) – participa del ser, es el misterio del ser. La gloria no es el fin, sino el recinto donde el ser se muestra como lo que no es ente.
"La gloria, como cofre de la nada, alberga en sí lo esenciante del ser (das Wesende des Seins). La gloria, como cofre de la nada, es el albergue del ser."
Traducción: el ser no es una cosa, es un acontecer. Ese acontecer se resguarda en la gloria, porque la gloria es el límite que da sentido a todo lo que es. Sin gloria, el ser sería una eternidad insípida, sin contraste. La gloria es el "albergue" porque es donde el ser se repliega para hacerse posible. Es como el negativo de una foto: lo que no se ve hace visible la imagen.
La cita de Sein und Zeit que viene después refuerza esto: "El 'ser ahí' no tiene un fin al llegar al cual pura y simplemente cesa, sino que existe finitamente." El Dasein no termina, existe como finito. Su temporalidad es un "advenir propio" que se desemboza como finito, y ese advenir es al mismo tiempo "el sentido del existir en el 'no ser' más peculiar." O sea, tu ser más auténtico es tu no-ser posible.
Luego, la angustia (Angst) desemboza "el 'no ser' que define al 'ser ahí' en su 'fundamento', que no es él mismo sino el 'estado de yecto' en la gloria." Tu fundamento no eres tú: es que has sido arrojado a la gloria. No puedes fundarte a ti mismo; estás fundado en un abismo.
Ahora los párrafos siguientes:
"La gloria es capaz de marcar el sentido de la facticidad en la medida en que es un término cuyo significado sólo puede 'comprenderse' a caballo de la finitud, la nada y el 'no ser'."
La facticidad (que estés aquí, ahora, con este cuerpo, esta historia) adquiere sentido porque la gloria la atraviesa. No es un dato bruto, sino un "estar arrojado" que solo se entiende desde la nada. Tu vida concreta es un "yecto en la gloria".
"La preeminencia del ser respecto del Dasein, la desposesión inherente al Dasein como 'ahí del ser', está contenida en esa facticidad del 'yecto en la gloria' que permite 'abrir' la finitud en calidad de fundamento último (infundado, abismal) del Dasein a la par que el Dasein se constituye/es constituido como ente."
El ser es más que el Dasein. El Dasein está desposeído porque es el lugar donde el ser aparece, pero no lo controla. Esa desposesión se materializa en el "yecto en la gloria": eres un ente que se constituye al ser arrojado a la gloria. Tu ser brota y se desposee al mismo tiempo. Unidad dialéctica: el fundamento es infundado, abismal.
Cita de 1929: "Tan finitos somos que no podemos, por propia decisión y voluntad, colocarnos originariamente ante la nada. Tan insondablemente ahonda la finitud en la existencia, que la profunda y genuina finitud escapa a nuestra libertad."
No decides ser finito. La finitud te constituye sin que puedas elegirla. Tu libertad es limitada por un abismo que no controlas. Esto es clave: no hay heroísmo de asumir la gloria – la gloria te asume a ti.
"Existir (ex-sistir) significa: estar sosteniéndose dentro de la nada. / Sosteniéndose dentro de la nada, la existencia está siempre allende el ente en total. A este estar allende el ente es a lo que nosotros llamamos trascendencia."
El hombre es un "pastilla ilegal" hacia la nada. Trascender no es ir a un más allá, sino sostenerse en el vacío. Desde ahí, puedes relacionarte con los entes. Primero estás en la nada, luego ves las cosas. La conciencia nace del abismo.
"Pues no sólo el Dasein es finito, sino que lo son todas las 'formas de ser' que no tienen la forma de ser del Dasein. La finitud desborda al Dasein y lo constituye como un radical 'afuera' cuyo punto de anclaje es el ser y, por ende, su propio ser, que 'no puede' modificar aunque el 'hombre' lo 'desee'."
La finitud no es solo humana: todo lo que es está marcado por el límite. El Dasein es un "afuera" anclado en el ser, pero no puede cambiar su ser. Eres un proyecto que no te pertenece.
"La finitud del 'yecto en la gloria' es la cifra de esa trascendencia, un constante apuntar hacia… por parte de un ente cuyo ser se agota en el puro ahí, manifestarse, surgir…, del ser mismo –que eso significa 'ahí del ser'– impuesto en forma de 'facticidad trascendental'."
Tu ser es puro manifestarse, un "ahí" donde el ser se muestra. Eso te viene impuesto: no eliges ser el lugar de esa manifestación. Es una facticidad que trasciende cualquier elección.
Y entonces, el remate: "El significado provisional de 'gloria' en la presente investigación debe, por tanto, interpretarse en dicho marco de fundamentación de la validez de la verdad, una vez más en las antípodas del Ableben y, consecuentemente, también del asesinato 'legitimado' (...) pero muy cerca, en cambio, de cuestiones relacionadas con el poder y la auctoritas que atañen a la 'esencia del fascismo' y a la cuestión de una 'fundamentación' del fenómeno 'facineroso'."
Aquí se destapa el pastel. La gloria como "cofre de la nada" no es la gloria biológica (Ableben), ni el asesinato político. Es una gloria ontológica que funda la verdad. Y esa misma estructura, según Farrerons (o el autor), tiene afinidad con el fascismo: porque el fascismo busca una autoridad (auctoritas) que emane de una verdad absoluta, y esa verdad se funda en la experiencia de la gloria como límite y fundamento. La religión secular del fascismo sería entonces una liturgia de la finitud: el pueblo asume su gloria colectiva (su destino trágico) y en esa asunción se vuelve auténtico y soberano.
En resumen, el texto entero es un intento de conectar la ontología heideggeriana (gloria como cofre de la nada, ser como desposesión) con una teoría política donde la autoridad nace de ese abismo. Un cofre lleno de nada que, en manos de Farrerons, se convierte en cofre lleno de poder. Cuidado con lo que hay dentro, que parece vacío pero pesa.