Japón, el mejor marketing del mundo y su letra pequeña
Japón es probablemente el mejor producto comercial del planeta. Como destino para vivir, es otra cosa. Eso sostienen quienes llevan más de un año allí y ya saben lo que es el verano en Sapporo, frente a los que solo conocen la postal y el yen barato.
Quien defiende el traslado tiene dos argumentos. Uno es económico: el yen abarata el viaje y las compras. Otro es psicológico: poner tierra de por medio cura. «Estar lejos de España me ha hecho mucho bien», resume quien ya reside allí y admite que su vida, antes, era un desastre. El otro bando no discute la postal, discute la vida: viviendas minúsculas, humedad y calor extremos en verano, jornadas que algunos califican de muerte en vida y una residencia que apenas se concede salvo por matrimonio con un nacional o por montar un negocio propio. Y el dato que siempre vuelve: Japón es el país industrializado con más suicidios del mundo.
El imán que sí funciona: yen débil, orden y postal
Como turismo, funciona: ahí hay consenso. La limpieza y el orden aparecen entre los reclamos más repetidos, y el yen barato convierte el viaje en una oportunidad de compra. También se admite que parte del atractivo es identitario —ser de algo, como se es de los Beatles o de un equipo de fútbol— más que una evaluación serena del país.
El caso que polariza es el de un youtuber español afincado en Japón, cuya situación personal, según los relatos que circulan, se ha convertido en botón de muestra de las dos tesis: para unos confirma el fracaso del proyecto migratorio; para otros, es un caso particular que no dice nada del país.
Con el yen donde está, el flujo de visitantes seguirá subiendo. Cuántos acaban mudándose y cuántos vuelven a los seis meses es una apuesta que hoy nadie firmaría.