Japón: visitar y vivir, dos experiencias distintas
En el debate se repite que Japón es un destino de dos semanas. Vivirlo los 365 días del año es otro asunto, y en ese salto se rompen expectativas, según quienes lo han intentado. El país entra por los ojos: limpieza, orden, silencio, seguridad y un transporte público que cumple, según los testimonios. El problema aparece, sostienen algunos, cuando el viajero deja de ser viajero.
Lo que destacan quienes lo visitan
Un forero que ha recorrido unos 90 países coloca a Japón entre sus favoritos: se come bien, sale barato, todo está limpio y el tren llega puntual, algo que no ocurre en todas partes. El yen débil ha abaratado la escapada: un ida y vuelta desde Shanghái ronda los 300 euros, según su experiencia. A eso se suma un impacto estético y cultural capaz de arrastrar a alguien a cruzar medio país para ver el templo de un personaje de leyenda, como relata otro participante.
El verano de Tokio hacia abajo, según los testimonios
Calor y humedad extremos en verano, con Tokio y todo lo que queda al sur como zona de castigo, según quienes lo han sufrido. La recomendación es tajante: mejor primavera y otoño. Para el verano, Hokkaido, que se comporta con otro régimen climático. Sobre el invierno no hay respuesta cerrada: se pregunta si es peor que un invierno canadiense y la comparación queda abierta.
¿Se puede vivir en Japón toda la vida?
Depende de un factor que no aparece en los folletos: la suerte. Un residente español en Sapporo lleva más de un año allí, llegó sin afición por el anime, hizo contactos y pareja en Tokio y acabó trabajando en el negocio de la familia de su mujer. Ese es el caso optimista. El pesimista lo encarna un creador de contenido español mencionado en el hilo: según el relato que circula, vive separado de su mujer —siguen casados—, en un apartamento pequeño que alquila con servicio de guía incluido, y con la sospecha de que su residencia depende del matrimonio. Según otro forero, la cotización exigida para generar derecho a pensión podría complicar la jubilación de quien llega tarde al mercado laboral japonés.
El Japón de anime contra el Japón real
Lo que engancha es, en buena medida, un país prefabricado. Samuráis y ninjas estereotipados, alejados de la realidad histórica; un relato de futurismo y tradición que, según otra lectura, ya perdió ambas cosas. Una tesis del hilo es que Japón ha convertido su propia imagen en producto de exportación durante décadas y que el visitante compra el anuncio. Una frase resume el desencanto, según un participante: «el mayor manicomio del mundo al aire libre». En el plano social, una parte del debate sostiene que la homogeneidad y el control migratorio explican una convivencia muy cívica; el precio, según esa lectura, es que el extranjero nunca deja de ser huésped.
Un destino de ida y vuelta, según el debate
Con el yen barato y vuelos como el citado, algunos foreros ven buen momento para visitar Japón, aunque también se señala el desgaste local que genera el turismo. El trasvase de turistas a residentes, en cambio, seguirá siendo minoritario: según una predicción del hilo, quienes fantasean con mudarse rara vez pasarían del cuarto año. Japón tiene todo lo necesario para que muchos quieran volver; no está tan claro que lo tenga para que muchos se queden.