Gasolina a 2 euros el litro: nadie firma la factura y todos la pagan
Un barril de petróleo a 106 euros rinde unos 80 litros de gasolina. El refinado, según los cálculos que circulan, sale a 2,5 céntimos por litro. Los aditivos y las obligaciones ambientales añaden otros 12 céntimos. Súmenlo: el coste técnico ronda los 20 céntimos y el surtidor marca dos euros. Esa brecha, y no otra cosa, es lo que convierte la gasolina en un asunto que ya no distingue entre izquierdas ni derechas, entre obreros y empresarios, entre ricos y pobres.
¿Por qué la gasolina ha superado los 2 euros el litro?
La explicación oficialista habla de mercados internacionales. La explicación útil señala tres focos. El primero, las refinerías rusas atacadas por Ucrania, que refinaban crudo ruso para después colocar el producto en Turquía y de ahí a petroleras sin restricciones europeas. El segundo, la guerra de Irán, que presiona directamente a los mayores productores mundiales de crudo. El tercero, el puerto saudí de Yanbu, cuya actividad exportadora se da por interrumpida según las imágenes satelitales que se han difundido.
Ninguno de esos factores se controla desde Madrid, Bruselas o Berlín. Y ahí está el problema de fondo: la política energética europea apostó fuerte por unas subvenciones que ahora quedan descolgadas, mientras el consumo sigue atado al petróleo que viene de fuera.
El desglose: de 20 céntimos de coste a dos euros en el surtidor
Hay quien lo ha puesto por escrito partiendo del barril a 106 euros. De cada barril salen unos 80 litros de gasolina terminada. Solo la materia prima supone más de un euro por litro. A ese punto de partida se suman el refinado, el transporte, la distribución, los impuestos y el margen de cada eslabón de la cadena.
El cálculo completo, partida a partida, deja una conclusión incómoda: la distancia entre lo que cuesta producir el litro y lo que se paga por él no se explica solo por la materia prima. Y si el crudo ya estaba caro hace meses, la subida no pilló por sorpresa a nadie salvo a quien decidió no mirar.
Quién paga de verdad los dos euros
El dominguero que mueve el coche una vez por semana apenas lo nota. El que se hace una hora de ida y otra de vuelta al trabajo, sí: entre 400 y 500 euros al mes en combustible, una cifra que se come el sueldo de cualquiera y que en muchos casos convierte en absurdo levantarse a las seis para remar en un polígono a 30 kilómetros de casa.
El efecto se extiende más allá del coche privado: casi todo lo que se compra en España llega por carretera. El diésel ya subió un 50% y no se han visto las quiebras masivas que algunos anunciaban. Tampoco subidas salariales equivalentes. En 2021, con el litro a 1,60 euros, hubo una huelga de transportistas que bloqueó el país. Aquella cifra se consideraba inviable. Conviene recordarlo cada vez que alguien diga que aún hay margen.
Canarias a 1,47 euros y Portugal por encima de 2: el mapa desigual
La foto no es homogénea. En Canarias la gasolina de 95 se paga a 1,47 euros el litro. En Portugal, al cruzar la frontera, ya se superan los dos euros. En la España peninsular el umbral se ha instalado con rapidez, y hay quien sostiene que antes de diciembre llegará a 2,50.
El dato que descoloca no es el precio, sino la reacción: las carreteras siguen igual de llenas a las 7:15 de la mañana. El consumo no ha caído. O queda margen en el bolsillo del conductor, o no hay alternativa real.
El escenario que nadie quiere nombrar
Si el litro toca los tres euros y los atascos siguen ahí, el siguiente paso lógico es el racionamiento del consumo. Los escenarios dibujados a partir de ese punto son malos. El transporte público no absorbe ese volumen, y en las zonas con más dependencia del coche privado apenas existe.
Mientras, los datos de tráfico de la hora punta funcionan como un termómetro mordaz: si nadie deja el coche en casa, ¿de verdad estamos ante una crisis o ante una molestia con la que convivir? ¿Aguantaríamos un cuarto euro sin cambiar de rutina?