Ormuz cerrado y el crudo a 141$: la factura de una guerra sin final
Seis buques navegando de noche con los transpondedores apagados, un accidente, cinco regresos forzosos al Golfo Pérsico. Ese es, según Teherán, el resumen de la madrugada del 26 de julio en el Estrecho de Ormuz. La vía por la que salía una quinta parte del petróleo mundial lleva meses cerrada y ninguna potencia ha conseguido reabrirla. El crudo físico que se carga en buque —el Dated Brent— supera ya los
141 dólares por barril, su nivel más alto desde 2008. Los futuros cotizan más bajos. El mercado al contado, el que paga de verdad un cargamento, refleja escasez pura. Y quien diseñó este pulso sabía perfectamente dónde apretar.
El estrecho de Ormuz: qué porcentaje del petróleo mundial está bloqueado
Los datos que manejan los analistas del sector sitúan en torno al
35% del petróleo mundial retenido por el conflicto y sus efectos colaterales. Los tránsitos rastreables por el estrecho pasaron de una o dos naves al día durante buena parte de la guerra a
ocho diarias el 1 de julio, según la plataforma de datos marítimos Signal. Los «viajes ocultos» —con el sistema AIS apagado— se habrían multiplicado hasta 37 tránsitos diarios en la semana que cerró el 28 de junio, frente a los seis de la primera semana de guerra.
Aproximadamente el 20% del crudo global sale por ahí. Y Teherán no solo no ha perdido con el bloqueo: ha salido ganando en términos comerciales. Según Bloomberg, en marzo las exportaciones iraníes se mantuvieron cerca de
1,6 millones de barriles diarios y el descuento de su crudo frente al Brent se estrechó a 2,10 dólares por barril, mínimo en casi un año. El estrecho no es un arma defensiva. Es una aduana.
2.289 muertos y cinco frentes abiertos: el balance que casi nadie quiere mirar
La contabilidad que circula entre los analistas del conflicto maneja cifras incómodas. Desde el 28 de febrero, la guerra con Irán habría dejado
1.444 muertos en Irán, 773 en Líbano, 26 en Irak, 14 en Israel, 13 entre fuerzas estadounidenses, seis en Kuwait y en Emiratos Árabes Unidos, tres en Omán y dos en Baréin y Arabia Saudí. El total asciende a 2.289 fallecidos. La distribución no es casual: el grueso cae en quien recibe los ataques, no en quien los ordena.
Israel sostiene oficialmente haber sufrido un número mucho menor de bajas propias. Esa asimetría informativa ha sido una constante desde el primer día. Hubo un dato que marcó el debate: el teniente general
Rahim Safavi, del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, afirmó que un misil iraní alcanzó un centro aeronáutico y mató a 16 pilotos israelíes. Israel, como es habitual, no comentó. En paralelo, el jefe del Estado Mayor israelí,
Eyal Zamir, advirtió en gabinete de seguridad que las FDI «podrían colapsar sobre sí mismas» por sobrecarga de reservas: cinco frentes abiertos —Líbano, Gaza, Siria, Irán y Cisjordania— con un sistema de reclutamiento agotado.
Trump, las bolsas y el calendario de los bombardeos
Uno de los análisis más repetidos a lo largo del conflicto apunta a un patrón de manual: golpes militares el viernes, cuando los mercados ya han cerrado; declaraciones de acercamiento el domingo por la noche, cuando el daño ya se ha hecho y toca calmar al lunes. La sospecha de fondo es que las decisiones se toman con un ojo puesto en la cotización del crudo y el otro en el calendario electoral.
El secretario de Estados Unidos,
Bessent, ha llegado a declarar que Irán «acabará rindiéndose», ya sea en una semana, un mes o dos. El almirante
Brad Cooper, al frente del CENTCOM, ha respondido en público cosas muy distintas: que los objetivos se han cumplido y ahora se mantiene el bloqueo. Si los objetivos ya están cumplidos, no hay motivo técnico para seguir. La contradicción entre la retórica presidencial y los informes militares ha sido uno de los rasgos más llamativos de todo el año.
La votación que despejó el camino legal fue un solo voto. El Senado de Estados Unidos rechazó por
49 a 50 la resolución que pretendía impedir a Trump lanzar una operación militar contra Irán. Todo el debate sobre la guerra quedó en manos de un senador.
El sur del Líbano: demoliciones con el alto el fuego ya firmado
El frente libanés es el que produce las imágenes más incómodas. Los ataques se han mantenido pese a los acuerdos vigentes: demolición de un barrio entero en Bint Jbeil, destrucción de la instalación de abastecimiento de agua de Markaba, fuego de artillería sobre Nabatieh al-Fawqa. La operación israelí bautizada como «León Rugiente» lleva tres semanas sin conseguir ocupar Khiam, donde el propio ejército libanés confirmó que no había presencia de Hezbolá. El Ejército libanés habló abiertamente de violaciones del derecho internacional.
El presidente
Joseph Aoun tardó en leer el guion. La operación estadounidense lo utilizó para alejar a Beirut del memorando de entendimiento firmado en Islamabad con Teherán; una vez cumplido el encargo, quedó descolgado. Ahora intenta reunirse con Hezbolá dentro del país. La cifra que resume Beirut en un solo titular: más de
4.000 muertos, 12.000 heridos, 90.000 viviendas destruidas y un millón de personas sin hogar.
La negociación por fases: qué pide Irán para reabrir Ormuz
Teherán ha dejado claro el orden de los factores. No se negocia nada del programa nuclear ni del estrecho hasta que haya cese definitivo de la guerra. La fórmula entregada a los mediadores tiene tres fases: primero alto el fuego con garantías de no reanudación contra Irán y Líbano; segundo, orden de gestión de Ormuz con Omán y nuevo marco jurídico; tercero, cuestión nuclear. Hay quien sostiene que esa secuencia es una trampa negociadora y quien replica que, dado el estado de la guerra, es la única salida posible.
El ministro de Exteriores iraní,
Abbas Araghchi, ha fijado el precio en términos concretos: el estrecho seguirá cerrado «hasta que se desbloqueen
11.000 millones de dólares de los activos iraníes congelados». No pide que se levanten las sanciones. Pide el dinero de vuelta, con intereses. Es una reclamación patrimonial disfrazada de posición diplomática, y por eso funciona.
Petrodólar, yuanes y por qué Europa paga esta guerra
Uno de los hilos más interesantes que se han desplegado en el análisis es el siguiente: Irán habría ofrecido a la UE acceso de tránsito por Ormuz. Parece un gesto. Es una bomba financiera. Si Europa acepta, paga en euros y no en dólares. Un solo acuerdo petrolero relevante que no pase por el dólar bastaría para demostrar al mundo que existe alternativa. Rusia ha confirmado que sus futuros acuerdos de petróleo y gas con Europa se pagarán en
yuanes chinos. Rusia y China han anunciado que dejarán de usar el dólar en todas sus transacciones.
El argumento del petrodólar nació en 1974 y obligó a todas las naciones a tener billetes verdes para comprar crudo. Las reservas globales en dólares han caído del 70% al
56,9% en 25 años. No es una exageración: es la línea que conecta el bloqueo de Ormuz con la arquitectura financiera que sostiene a Washington. Ahí está el verdadero premio.
La cadena química y las cancelaciones que no salen en portada
Hay un corolario técnico que casi nadie ha dibujado. El cobre para los coches eléctricos se extrae con ácido sulfúrico. El ácido sulfúrico sale del azufre. El azufre es subproducto del refino de petróleo. Y aproximadamente el
45% del comercio mundial de azufre por vía marítima quedó atrapado en el mismo cuello de botella que atrapó el crudo. El 20% de la producción mundial de cobre, el 30% del níquel y el 50% del uranio dependen de esa química. La transición que debía acabar con el petróleo también depende del petróleo.
La factura energética europea ha subido
16.200 millones de dólares en 30 días. Lufthansa ha cancelado 20.000 vuelos hasta octubre. El gas subió un 100% y el petróleo un 60%. En algunos análisis se habla ya de racionamiento, semanas laborales de cuatro días y colegios cerrados en países como Sri Lanka o Pakistán. Los precios del crudo ruso se cotizan en torno a 130 dólares a cuatro meses vista. El coste no llega por igual a todos: llega por barrios.
Hay un dato que descoloca más que cualquier análisis. Cada vez que una potencia ha intentado tomar por asalto el corazón energético del golfo, la contabilidad a largo plazo ha salido a favor de quien se quedaba defendiendo su propia casa. La campaña de Craso contra Partia costó 40.000 romanos. La gestión de Ormuz, ahora mismo, la sigue llevando quien se quedó en la orilla sur.