El AfD promete sacar a Alemania del euro: por qué Berlín no lo hará
La líder del AfD quiere cerrar las fronteras alemanas y acabar con el euro. La propuesta, difundida por el medio alemán FOCUS online y comentada desde hace semanas, choca con una aritmética incómoda: Berlín es el socio que más ha ganado con la moneda única. En política, eso pesa más que cualquier promesa electoral.
Por qué Alemania no tiene ningún interés en volver al marco
El argumento se repite en casi todos los análisis: el euro es un chollo para Alemania. Es el país de la UE más beneficiado por la moneda única porque ya no compite contra una divisa que se aprecie cada vez que su balanza comercial va bien. Con el marco, cada superávit habría encarecido sus exportaciones hasta dejarlas fuera de mercado.
Un cálculo que circula por los mentideros financieros pone cifras a ese temor. El euro nació a 2 marcos. Con los desequilibrios acumulados desde entonces, hoy un euro equivaldría a 0,20 marcos, y a ese tipo de cambio la industria alemana no vendería nada. Traducido: abandonar la moneda única sería regalar competitividad a Francia, Italia o España de un día para otro.
El precedente del Brexit y la letra pequeña de una salida
Reino Unido ya hizo el experimento del Brexit. Y el resultado no invita a copiarlo: no está claro que al país le haya ido mejor fuera y el proceso consumió años de incertidumbre. Con el euro el trámite es aún más enrevesado, porque hay contratos, deuda pública, depósitos y sistemas de pago denominados en una moneda que dejaría de existir para el país que se marcha.
Por eso gana peso la lectura menos épica. La promesa de dejar el euro podría funcionar mejor como arma de negociación para recortar poder a las instituciones europeas que como plan real de gobierno. Nadie ha explicado todavía, con plazos, cómo se ejecuta una salida sin que el país se descuadre por el camino.
La neopeseta: el escenario que España mira de reojo
Si Alemania se fuera, España se quedaría dentro de un euro sin su principal valedor. Y ahí arranca el ejercicio de futurología más repetido en la conversación económica española: volver a la peseta. El escenario se dibuja duro para las rentas fijas. Funcionarios y pensionistas cobrarían en una moneda devaluada, las importaciones se encarecerían de golpe y las empresas locales recuperarían un mercado protegido por la pobreza general.
El espejo venezolano se cita para ilustrarlo: docentes cobrando menos de 50 dólares al mes, un bono extraordinario de 3 dólares pagadero en cuatro plazos y clases particulares a 5 dólares por dos horas al día, tres días a la semana, por alumno. Cuando la moneda se hunde, los sueldos se hunden antes que los precios.
Quedan dos piezas sin encajar. La primera: los países que más provecho sacaron del euro fueron los menos frugales —España, Portugal, Grecia e Italia—, así que el relato de que la moneda única empobreció al sur no se sostiene solo. La segunda: nadie sabe si el AfD ejecutaría su promesa o la usaría como moneda de cambio. Ahí, exactamente, se atasca el análisis.