Abdelilah Issou y su vídeo de Mohamed VI: acusación sin pruebas
Un oficial disidente del ejército marroquí, Abdelilah Issou, asilado en España, sostiene que existe un vídeo de contenido sexual en el que aparecerían el rey Mohamed VI y el rapero estadounidense Puff Daddy, y que ese archivo estaría en manos del Mossad. Ningún medio independiente ha verificado su existencia, no hay un solo fotograma público y la cadena de custodia se reduce a la palabra de quien lo cuenta. Con los datos disponibles, el vídeo de Mohamed VI es, por ahora, una acusación y no una prueba.
¿Quién avala la acusación y quién la desmonta?
El único avalista es quien la publica. Frente a su versión se alza un argumento de oficio: un exinformante alejado de Marruecos desde hace años, sin red propia de contactos, difícilmente accede a material que se supone custodiado en palacio o en servicios extranjeros. Hay quien añade que al régimen le resulta más útil tolerarle el exilio que silenciarle. Issou, por su parte, denuncia presiones: en un directo del programa En Boca de Todos, de Cuatro, un colaborador próximo al Makhzen le reprochó en antena haber colaborado con el CNI.
¿Qué dice el parte de salud que circula sobre el rey?
Junto al vídeo viaja otro paquete: un desmayo atendido en el área médica del palacio, sueroterapia intravenosa por una bajada de presión arterial, tres kilos de peso perdidos y problemas de continencia. Son afirmaciones sin confirmación oficial y sin segunda fuente. Cuando lo que se difunde afecta a la salud de una persona, el dato se queda exactamente donde está: en el terreno de lo no verificado.
De la denuncia geopolítica a la lista imposible de nombres
La parte más reveladora es la deriva. La acusación se amplifica con capas de parodia —cantantes, políticos y hasta un perro en una supuesta escena de supermercado de descuento— y cada capa la hace menos verificable y más veloz. Es el mecanismo clásico: el relato deja de necesitar creyentes para seguir circulando, y quien lo matiza pasa a ser el sospechoso.
Lo verificable hoy cabe en una línea: existe una voz, un exilio y una acusación que aún no ha producido un solo fotograma. El vídeo sigue sin aparecer. Nadie ha explicado por qué, después de años de denuncias de este tipo, la prueba que sostiene todo el edificio es siempre la única que nunca llega.