La hipótesis del asedio «híbrido» a Ceuta y Melilla
¿Puede España perder Ceuta y Melilla sin un solo disparo? Es la pregunta que sobrevuela la reclamación marroquí sobre las dos ciudades autónomas, y en el hilo se da por hecho que una toma por la fuerza militar es hoy impensable. Según el argumento que se repite, Ceuta y Melilla son españolas desde antes de la fundación del Reino Alauita, en 1666, y nunca fueron colonias en el sentido jurídico que permitiría una reclamación territorial clásica. La disputa, sostiene esa línea, no se librará en el tablero militar.
Del cólera del 71 al macroCETI de Ceuta
Donde se buscan grietas es en el flanco sanitario y migratorio. Circula la tesis de que la vía real no sería un desembarco, sino una emergencia —sanitaria o humanitaria— que forzara una gestión compartida y una fase intermedia de soberanía difusa. Ninguna prueba respalda que exista un plan de ese tipo: es una hipótesis, y se apoya en precedentes como el cierre de fronteras durante la epidemia de cólera de 1971, según el relato de un participante.
El elemento tangible sobre el terreno es el CETI. El proyecto para acoger hasta 10.000 personas en Ceuta ha chocado con la Audiencia Nacional, que ordenó a Transportes paralizar el campamento. Para unos es una infraestructura de acogida; para otros, la confirmación de un cambio demográfico que no se frena. El desglose de plazas y el motivo judicial de la paralización son el detalle fino de este capítulo.
La protesta de los militares de Ceuta
A ese clima se suma otro dato: militares destinados en Ceuta han anunciado una protesta por el aumento de agresiones, con el argumento de que «no nos dejan defendernos». La pieza enlaza el malestar profesional con el relato de un asedio silencioso, aunque la convocatoria responde a incidentes concretos.
Hay quien va más lejos y sostiene que la única vía legítima de cambio sería un referéndum, del que dudan que saliera adelante hoy, sin poner la mano en el fuego a varias décadas vista. Enfrente, el cálculo más pesimista da por hecho que las ciudades acabarán entregándose por la vía política. Ni una cosa ni la otra están sobre la mesa.
De momento, el único movimiento verificable en ese tablero es un campamento paralizado por orden judicial y una protesta militar. Ni un barco, ni un avión, ni una declaración de guerra. El asedio híbrido, si existe, sigue en fase de rumor.