Ceuta, Marruecos y la moción de censura que nunca se presenta
¿Por qué la oposición no da el paso de presentar una moción de censura contra el Gobierno? La pregunta recorre desde hace semanas redes, tertulias y barras de bar. El cóctel que la alimenta mezcla la política hacia Marruecos, las aguas de Canarias, la situación de Ceuta y Melilla y una sospecha muy extendida: que el Ejecutivo entrega soberanía a cambio de estabilidad. Indignación hay. Cauce parlamentario, de momento, no.
Ceuta: lo que se denuncia y lo que consta
En Ceuta se difundieron relatos de extrema gravedad: decenas de agresiones sexuales, hasta 45 según el recuento que circuló por redes, con una niña de diez años entre las presuntas víctimas y hechos situados a plena mañana. Tratándose de menores y de acusaciones no confirmadas en firme, la prudencia es obligatoria: son denuncias lanzadas en el espacio público, no hechos probados. Lo que sí resulta verificable es su efecto político. El asunto se convirtió en el detonante emocional de la crítica al Gobierno, y desde ahí se encadenó todo lo demás.
La «traición» que se atribuye al Ejecutivo
Se argumenta que el Gobierno ha cedido competencias sobre rutas de narcotráfico, que ha dejado desprotegidas Ceuta y Melilla y que negocia con Rabat el futuro de las aguas de Canarias. Son acusaciones graves, formuladas en términos duros. Quien las sostiene no ha presentado un documento que las refrende; quien las niega tampoco ha despejado la sospecha. En ese terreno pantanoso, el relato pesa más que el expediente, y cualquiera que haya seguido el asunto lo sabe.
El PP y el precio de mover ficha
El cálculo de la oposición es frío. Una moción de censura sin votos suficientes regala al presidente un titular de victoria y abre la puerta a elecciones anticipadas con resultado incierto. Hay quien lo llama prudencia; hay quien lo llama cobardía. La crítica más dura sostiene que se espera a que el desgaste haga el trabajo solo, mientras se dejan pasar los días sin plantar batalla. Ninguna de las dos lecturas se puede demostrar.
Canarias, la próxima frontera
El foco ya se desplaza hacia el Atlántico. El futuro de las aguas canarias aparece en todas las quinielas como el próximo capítulo del pulso con Marruecos, y no es un asunto menor: toca pesca, energía y control territorial. La sensación de que el Ejecutivo va por detrás de los acontecimientos alimenta la exigencia de respuestas, aunque esas respuestas sigan sin concretarse.
Así que la moción urgente e inaplazable sigue guardada en un cajón. Con la que está cayendo, el único trámite verdaderamente rápido parece ser no mover ficha.