Del 29º título a la derrota en el Clásico: el Barça de Flick
El curso del
Barcelona arrancó con la sección de balonmano levantando la Copa de Europa número 50 del club —sumando todas sus secciones— y con Gavi de titular en el debut de España en el Mundial ante Cabo Verde. Entre celebración y celebración, la pregunta que ordena todo lo demás: cómo se traslada la superioridad doméstica al continente. La temporada anterior había dejado dos títulos nacionales, con el
vigésimo noveno de Liga como el más valioso, y la constatación de que en Europa el nivel no admite trampas. El mercado de fichajes fue el primer examen del nuevo curso.
Y se aprobó a medias. Un canterano camino del Bernabéu, un delantero que se convirtió en culebrón de julio, una renovación atascada y un nueve de saldo que se daba por hecho. Cada frente se cerró de forma distinta y cada uno dejó su factura, casi siempre a pagar en octubre.
Cucurella, el lateral camino del rival y la puerta que unos quieren cerrar
En el hilo se daba por hecho que el Real Madrid fichaba a Marc Cucurella por unos
60 millones fijos, a los que se sumaban unos 20 kilos de salario y un contrato de seis años. Un forero calculaba que, aplicando la misma vara que se usó en su día con los fichajes azulgranas, la operación con bonus se iba a
70 millones. La primera discusión no fue deportiva sino contractual: se subrayó que hasta el 30 de junio el lateral seguía siendo jugador del Chelsea y cobrando de él, salvo la prima ya pactada con el club blanco.
El malestar tiene raíz de cantera. Un futbolista formado en la cantera, en una posición que el Barça necesitaba reforzar, que acaba en el rival de siempre. De ahí a sostener que debería tener las puertas cerradas para siempre hay un trecho: el club se ha reconciliado con figuras cuya relación pasó por momentos mucho peores. En lo deportivo, el fichaje se leía como bueno, aunque en el hilo se advirtió de que ese precio solo lo firman dos clubes con respaldo estatal.
El detalle que dolió llegó meses después, en el Clásico: el extremo azulgrana no se fue ni una vez del lateral. Ahí se acabó la discusión sobre el precio.
¿Por qué el Barça no fichó a Julián Álvarez?
Según el relato del hilo, el plan A tenía nombre y fecha.
100 millones puestos sobre la mesa y un plazo, finales de julio, tras el cual el club valoraría si subía o se bajaba de la operación. El Atlético no se movió y los precios que se cruzaron en la conversación iban de
120 a 150 millones, inasumibles para una entidad que sigue peleando con el fair play financiero. Se esperaba que la voluntad del jugador forzara la salida; no ocurrió.
El plan B se discutía como un paquete. En el hilo se planteaba
Gabriel Jesús por 10 millones y dos años, con el Arsenal guardándose un 20% de una futura venta; encajaba en el perfil de delantero móvil que pide el sistema, con la duda de siempre: las rodillas. Alrededor se barajaban extremos como Adeyemi y Hamza y la opción del falso nueve.
La discrepancia no era de jugador, era de modelo. El argumento repetido era que a 120 kilos por alguien que no ha sido top hasta ahora se compromete la economía. Frente a eso pesa un diagnóstico que se repitió en el hilo: cuando la pelota no entra, hace falta un especialista de área que cace un rebote y convierta un punto en tres.
Ferran Torres, 50 millones y una prima en enero
El caso de Ferran Torres resume el problema de planificar tarde. Acaba contrato y tiene una
prima millonaria prevista para enero, según el hilo; con ese incentivo en la mano, ninguna oferta de 50 millones —las que se atribuyeron al PSG y al Aston Villa— le compensa salvo que renuncie al bonus. Renovar era barato hace un año; en agosto, caro. Y el equipo se quedó sin Lewandowski y sin recambio probado.
Alrededor, la ingeniería financiera que arrastra el club desde 2020. Según se explicó en el hilo, la ampliación de contrato de De Jong no fue una apuesta deportiva: sirvió para
repartir en varios años los atrasos diferidos que, de otro modo, había que pagar de golpe. Con Araujo se hizo algo parecido. El resultado es una plantilla con sueldos altos, veteranos incómodos y salidas que nadie quiere asumir.
Se hablaba de Araujo cedido, Ferran negociaba y De Jong era una incógnita: si pasaba por el quirófano, cinco meses fuera. En defensa se tiró de cantera y de reconversiones. Se pedía un central contundente y laterales compatibles con el nuevo proyecto; llegó, sobre todo, calendario.
33 goles en siete partidos: el arranque que disparó las expectativas
Con el equipo rodado, el Barcelona firmó un inicio de cifras absurdas:
33 goles en siete partidos, con laterales apareciendo por el carril central y hasta seis o siete jugadores en disposición de marcar en cada encuentro. Se habló de un híbrido entre el Bayern de Flick, el City y el PSG: posesión, presión alta y capacidad de generar ocasiones desde cualquier registro, contra bloque bajo o en transición.
Ahí nació el exceso de confianza. Con esos números, analizar partido a partido parecía mala fe. Y sin embargo la advertencia estaba escrita: la derrota en Europa llegó con el equipo sostenido por el portero y con la defensa concediendo dos goles a rivales sin nivel.
El calendario: cuatro partidos que nadie puede jugar
Entre la euforia y el batacazo se coló una queja transversal. Cuatro encuentros seguidos de máxima intensidad, selecciones en plena Liga, una Nations League que obliga a los internacionales a jugar partidos de nivel en octubre. Se citó el caso de Gavi con Armenia —sin confirmación en el hilo— y el de Raphinha en un amistoso, dos ejemplos para demostrar que el riesgo no depende del rival. De Jong jugó infiltrado con Holanda.
El resultado es un entrenador que no puede rotar donde no tiene recambio. La presión alta exige piernas frescas y el club diseñó una plantilla con profundidad arriba y ninguna atrás. Ahí empieza el debate que acabó en el banquillo.
El Clásico y el cambio que nadie entendió
El correctivo llegó en el peor escenario.
Mbappé marcó su décimo gol en diez jornadas de Liga —suma 13 ante el Barcelona en su carrera— tras un despeje que le cayó muerto en el área. El partido se perdió, según el diagnóstico más repetido, en el banquillo:
De Jong por Fermín en el minuto 60 con 1-1, un mediapunta sin gol ni asistencia en un partido donde el equipo necesitaba remate.
Las críticas no fueron al futbolista sino al encaje. Frenkie solo puede jugar de mediocentro y, a ese ritmo, ni eso. La alternativa que se pedía era otra: Raphinha por dentro y un nueve de área para ganar el partido en lugar de controlarlo.
El debate de fondo es físico. El sistema funciona con dos plantillas y el club solo tenía una y media. Del «a seis puntos» se pasó a estar a tres tras el Clásico, con el Camp Nou discutiendo de ambiente y la grada pitando la salida de balón. La temporada no estaba perdida en octubre, pero la sensación de error condicionante sí estaba instalada.
Árbitros: dos relatos y ninguna resolución
El otro hilo conductor del curso fue el arbitraje, con reproches cruzados. Desde el lado azulgrana se señalaron manos, empujones y un puñetazo sin tarjeta, con el argumento de que el criterio es claro: si es juego del balón sin violencia, amarilla. Desde el banquillo rival llegaron quejas por expulsiones y penaltis, y la respuesta fue recordar que protestar no cambia el criterio.
También se discutió la intimidación como factor: un equipo en racha obliga al rival a elegir qué partidos gastar. Y, como cada temporada, volvió la referencia al caso de los pagos a un exvicepresidente de los árbitros, sin resolución judicial a la fecha, y la réplica de un forero que acusó al club blanco de operar con una estructura societaria opaca. Nada de eso se dirime en una grada.
La temporada se partió en dos: la que se celebraba en agosto con 33 goles y la que se discute en octubre con la distancia recortada tras el Clásico. El Barcelona dejó pasar a Cucurella, dejó escapar a Julián, negociaba la salida de Ferran y descubrió que su mejor futbolista es muy joven y que el sistema que le hace brillar no admite cuatro partidos de máxima intensidad seguidos. El desglose de las operaciones, bonus y salarios incluidos, da una foto del mercado que explica más que cualquier rueda de prensa. Queda la Champions y una duda sin resolver: si el sistema de Flick es un estilo o una factura física que se pasa en octubre.