Israel mata a 3 cascos azules y cientos de civiles en Líbano: ¿crimen de guerra?
La muerte de tres cascos azules de la ONU a manos de las fuerzas israelíes en Líbano, junto con la masacre de cientos de mujeres y niños, ha llevado a más de 60 países a calificar el hecho como crimen de guerra. El ataque a la misión de paz de Naciones Unidas, la FINUL, no es un incidente aislado, sino la culminación de una escalada que deja al derecho internacional en papel mojado.
El ataque a la FINUL: ¿error o advertencia?
El ejército israelí atacó directamente posiciones de los cascos azules en el sur del Líbano, causando al menos tres muertos y varios heridos. La FINUL, creada en 1978 para supervisar la retirada israelí, ha sido sistemáticamente ignorada por ambas partes. En este caso, el ataque no fue accidental: las fuerzas israelíes operan con total impunidad, sabiendo que la ONU carece de capacidad de respuesta. Los datos hablan: desde su creación, la FINUL ha sufrido decenas de bajas, pero nunca ha podido cumplir su mandato de desarmar a Hezbolá o frenar las incursiones israelíes.
El doble rasero occidental: Ucrania sí, Palestina no
La comunidad internacional reacciona con rapidez cuando Rusia ataca infraestructuras civiles en Ucrania, pero guarda silencio ante los bombardeos israelíes sobre Gaza y Líbano. Este doble rasero es el núcleo del debate. Mientras que 60 países condenan el asesinato de los cascos azules, las potencias occidentales, encabezadas por Estados Unidos, no aplican sanciones a Israel. En contraste, las acciones de Rusia en Ucrania han generado oleadas de sanciones y aislamiento diplomático. La pregunta que flota en el aire: ¿el derecho internacional sirve para todos o solo para los enemigos de Occidente?
La ley del más fuerte como nuevo orden
El ataque a los cascos azules no es un hecho aislado, sino un síntoma de la descomposición del sistema multilateral. La ONU, según muchos analistas, es un cadáver con maquillaje. Las resoluciones del Consejo de Seguridad son papel mojado cuando chocan con los intereses de un miembro permanente o de su aliado. El resultado es que el derecho internacional se aplica de forma selectiva, y quienes tienen poder militar imponen su ley. La guerra de Ucrania y la masacre en Gaza son dos caras de la misma moneda: el retorno a la ley de la jungla.
La cuestión que queda sin respuesta es si la comunidad internacional será capaz de reconstruir un orden basado en reglas, o si hemos entrado definitivamente en una era donde el poder define la legalidad. Mientras tanto, los cascos azules siguen muriendo en misiones de paz que ya no protegen a nadie.
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