Testigos de Jehová: secta, negocio o grupo de control mental
Un timbre a media mañana, dos trajes oscuros y una revista con «La Atalaya» en la portada. La escena se repite en miles de portales españoles y vuelve a poner encima de la mesa la misma pregunta:
qué quieren realmente los Testigos de Jehová y qué estructura hay detrás. Alguien lo dejó por escrito: le anunciaron el fin del mundo y respondió que, para dejarles pasar la próxima vez, tendrían que ser certeros. Nada de parábolas a lo Gandalf, aclaró. Y de ahí sale un asunto que sigue coleando.
¿Qué quieren los Testigos de Jehová cuando llaman a tu puerta?
Proselitismo, para empezar. Lo que buscan sobre el rellano es sumar adeptos a la congregación y, con ello, un compromiso que va mucho más allá de escuchar veinte minutos de charla. Quien entra al trapo se convierte en activista: dedica horas al mes a predicar, aporta donativos y ajusta su agenda laboral y social al calendario del grupo. Los más críticos hablan abiertamente de
lavado de cerebro. «Esta gente te come la cabeza y te dice cómo has de ir y con quién», resume una de las intervenciones. La sospecha de fondo es que la sonrisa del rellano solo es la primera puerta de un recorrido mucho más largo.
La estructura detrás: Watchtower Inc. y el grupo de control mental
El nombre que aparece al rascar la superficie es
Watchtower Inc., la sociedad anónima con sede en Estados Unidos que da cobertura legal a toda la maquinaria editorial. Su origen se sitúa en el siglo XIX, fundada por un empresario fascinado por la masonería, según se recuerda en el intercambio, y, según se sostiene, acumula propiedades inmobiliarias por medio mundo. A partir de ahí, la discusión gira hacia un concepto técnico que se ha ido imponiendo entre quienes estudian el fenómeno:
GMP, Grupo de Manipulación Psicológica. La tesis es que el término «secta» se ha quedado obsoleto y que lo distintivo no es la doctrina, sino la aplicación sistemática de técnicas de coerción mental. En España, según el recuento que se maneja en esos círculos, operan
más de mil GMP. Los Testigos de Jehová serían uno más.
Las condenas judiciales y el rastro de las transfusiones
Aquí la conversación se pone seria. Varios testimonios sostienen que la organización ha sido
condenada en cortes de Australia y Estados Unidos por haber entorpecido la justicia en casos de abusos sexuales cometidos por sus propios responsables —los llamados ancianos—. Las resoluciones, según ese relato, apuntarían a un patrón de encubrimiento institucional, siempre según las informaciones manejadas en el debate. En paralelo, se recuerda que la negativa a aceptar transfusiones de sangre, doctrina de la casa, habría causado muertes evitables con tratamientos médicos sencillos. El precio de la puerta no se paga solo al entrar.
Por qué los Testigos de Jehová ya no llaman tanto a la puerta
Durante la pandemia, la predicación puerta a puerta se suspendió y la organización la sustituyó por puestos fijos en esquinas concurridas, con sus revistas y sin apenas interactuar.
Muchos creyeron que el modelo había llegado para quedarse. No ha sido así: la vuelta al timbre ha reactivado el proselitismo clásico en muchos barrios. Lo curioso es el relato de quien asegura que, en dos trances personales graves en un hospital de referencia, recibió la visita en casa apenas unos días después, sin que nadie más del vecindario la recibiese. La sospecha de que existan infiltrados en determinados entornos institucionales planea desde entonces, sin confirmarse.
Qué queda cuando el timbre ya no suena
La discusión no cuaja en consenso y tampoco parece buscarlo. Pero entre las anécdotas domésticas emerge un dato que incordia: la misma organización que se presenta sonriente en el rellano es la que, según los recuentos más citados, engrosa la lista de
más de mil grupos de manipulación psicológica activos en España. La última vez que el timbre sonó, casi nadie se acordaba ya de aquella promesa del fin del mundo.