El alcalde de Nueva York sube impuestos: ¿a los ricos o a todos?
La ciudad de Nueva York se enfrenta a un agujero fiscal de dimensiones bíblicas. Solo en gastos de atención a migrantes, el Ayuntamiento ha desembolsado más de 8.000 millones de dólares entre 2023 y 2025. Para taparlo, el alcalde Zohran Mamdani propone una subida de impuestos que, según él, solo afectará a las rentas más altas. Pero la letra pequeña y la experiencia en otras ciudades apuntan a que la factura acabará en el bolsillo de la clase media.
Los números de la crisis fiscal
El gasto en servicios para solicitantes de asilo y migrantes se ha disparado: 1.410 millones en 2023, 3.700 millones en 2024 y más de 3.000 millones hasta noviembre de 2025. En total, más de 8.000 millones de dólares (billones americanos) en tres ejercicios. Una cifra que ha obligado al alcalde a buscar ingresos adicionales.
¿A quién le suben los impuestos realmente?
La propuesta estrella es un incremento del 2% en el impuesto sobre la renta para hogares que ganen más de 1 millón de dólares al año. Sobre el papel, suena a justicia social. Pero los críticos señalan que los ricos tienen recursos para evitar el pago: pueden mudarse a estados vecinos como Connecticut o New Jersey, o contratar abogados fiscalistas. Al final, la carga recaerá sobre los asalariados que no pueden permitirse esa movilidad. Además, Mamdani propone un impuesto de sociedades estatal del 11,5%, el más alto de los 50 estados, frente al 0% de Texas o el 21% federal. Esto podría provocar una fuga de empresas y empleos.
El riesgo de fuga de capitales
No es un temor infundado. En los últimos meses, se ha documentado una salida de contribuyentes con altos ingresos hacia jurisdicciones con menor presión fiscal. La experiencia de California y otros estados progresistas demuestra que subir impuestos a los ricos no siempre aumenta la recaudación, porque estos se van. La ironía es que los políticos de izquierdas, que tanto critican a los "privilegiados", luego son los primeros en llorar cuando se marchan.
El plan de Mamdani es un claro ejemplo de la contradicción del progresismo: prometer que pagarán los ricos, pero diseñar un sistema que acaba exprimiendo a la clase media. La pregunta que nadie responde es: ¿cuánto tardarán los neoyorquinos de a pie en pagar la factura de esta política?
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