Elecciones generales en noviembre si el Congreso tumba el decreto
El Gobierno de Pedro Sánchez tiene un plan que ya no es rumor: si el Congreso rechaza este viernes el decreto antidesahucios,
convocará elecciones generales para noviembre. Lo han confirmado dos fuentes socialistas cercanas al presidente, según recoge la prensa. La votación se celebrará a voz alzada. El objetivo declarado es dejar constancia, provincia por provincia, de qué diputado vota en contra de la norma.
Junts ya ha anunciado que no la respalda. Sin sus votos, el decreto cae. Y con el decreto por los suelos se esfuma la posibilidad de negociar nuevos Presupuestos Generales del Estado, que es tanto como decir que la legislatura —que debía agotarse en
julio de 2027— se queda sin gasolina.
Por qué el decreto de vivienda se ha convertido en el detonante
El texto que se vota este viernes es la norma conocida como antidesahucios, y su defensa pública se ha apoyado en casos concretos, como el de Mari Carmen, que desde el flanco que respalda al Ejecutivo se da por resuelto gracias a la movilización. Desde ese mismo flanco se ha animado a seguir movilizándose y se ha llegado a describir el camino hacia una huelga general como
imparable.
Porque la calle se ha movido. En Sevilla, en Euskadi y en otras plazas se han convocado concentraciones en favor de una vivienda digna. Quienes respaldan al Ejecutivo las leen como una señal de músculo social; sus críticos, como una coreografía de activistas profesionales sostenidos con dinero público frente a una derecha que, argumentan, se moviliza por convicción. Es el mismo partido de siempre con distinto marcador.
Por qué el rechazo del decreto abriría la puerta a las elecciones
Porque sin Presupuestos no hay legislatura que aguante. El relato oficial sostiene que, tumbado el decreto, la negociación de las cuentas queda muerta y el adelanto se convierte en la única salida. A eso se suma un cálculo más frío: el
PSOE lidera en estos momentos, de forma hegemónica, el voto de la izquierda. Con ese mapa, adelantar tiene premio.
Conviene recordar el precedente. Este Gobierno ya adelantó unas generales en
2023, cuatro meses antes de lo previsto, cuando tácticamente le venía bien. No es un animal de costumbres fijas: si el calendario favorece, lo rompe. La memoria corta es un lujo que aquí no se puede permitir.
La aritmética que invita a adelantar el calendario
El horizonte que algunos dibujan para los próximos meses es incómodo para quien ocupe la poltrona: inflación que no cede, restricciones presupuestarias del BCE, tensión en la prima de riesgo y una factura energética en ascenso. Quien gobierne cuando reviente el cohete se come el marrón. La duda que sobrevuela es si Sánchez prefiere entregar el mando antes o después del estallido.
Hay quien va más allá y plantea el escenario inverso: que las elecciones no solo se celebren, sino que las gane la derecha, y que entonces arranque una legislatura bajo una presión social que hoy nadie imagina. Manifestación nacional y paro general convocados por los sindicatos contra el nuevo gobierno, con el país mal gobernado. Un guion que parece escribirse solo.
Un estilo de gobierno que no consulta
No hay que bucear mucho para encontrar precedentes de decisiones de calado tomadas sin avisar al propio gabinete. Baste recordar el giro sobre el Sáhara, que según las crónicas publicadas pilló desprevenidos a varios ministros. El diagnóstico que se repite es el de un presidente que
gobierna por impulso, actúa por libre y gestiona las crisis a golpe de titular. Si el adelanto llega, llegará igual: sin avisar a nadie.
El telón de fondo: gasolina, diésel y factura energética
Como sostenía uno de los participantes en el debate, España es uno de los países más petróleo-adictos de Europa y buena parte de su empleo es precario: reparto a domicilio, hostelería, transporte. Un shock moderado del crudo, aventuran algunos análisis, podría traducirse en millones de parados de un mes para otro. Son escenarios, no certezas, y conviene tratarlos como lo que son.
Los augurios que circulan van desde una
gasolina a cinco euros el litro hasta el diésel racionado y el gas multiplicado respecto a meses anteriores. Nada de eso está escrito en piedra. Pero ese es el terreno sobre el que se decidirá un adelanto, y en todos los despachos lo saben.
¿Habrá finalmente elecciones generales anticipadas?
Aquí el pronóstico se parte. Una corriente da por hecho el adelanto: la maquinaria está engrasada y el viernes se sabrá. Otra, probablemente mayoritaria, no se lo cree:
no se va ni con agua caliente, resume una de las tesis más repetidas, con la sospecha de que el presidente aguanta hasta 2027 como sea. Y una tercera apunta a que cualquier movimiento sería puro cálculo de última hora, no una rendición.
Entre los que sí ven elecciones, la apuesta dominante no es precisamente amable con el oficialismo: victoria de la derecha y desgaste inmediato del nuevo Ejecutivo. Nadie firma el resultado. El viernes se despeja la primera incógnita. La segunda —si el amago se cumple o se queda en eso, un amago— no la despeja nadie.