El boomer que presume de cultura escribe con faltas: así se ve la educación
Afirmar que la educación era mejor antes es un clásico de las generaciones mayores. Pero cuando quien lo dice escribe «sovre todo» o «mumde», el argumento se desinfla. Un tuit viral lo puso en evidencia: un cincuentón que presume de haber leído en casa y de que sus hijos salieron preparados, con una ortografía que no pasa de primaria.
Un ejemplo que desmonta el relato
El personaje se lamentaba de que los jóvenes no tienen «pajolera idea» del temario, mientras escribía «sovre» con v, sin tilde y sin signos de puntuación. Un análisis lo resumía: «una locura el efecto Dunning-Kruger en gran parte de la generación boomer». El sesgo es conocido: los menos competentes son los que más sobreestiman su habilidad. Y en el plano educativo, se traduce en una generación que pregunta «¿y estos que leyeron El Quijote con 15 años?» citando un tuit con una lista de obras que incluye La Regenta, y que él mismo probablemente no leyó completas.
La vara de medir: ¿exigencia o acceso?
El asunto abre una cuestión de fondo. Hay quien sostiene que en 1970 «había mucha más gente inculta o incluso semianalfabeta». Ciertamente, una parte de la población se incorporaba al mercado laboral a los 14 años, como en el caso del niño de cuarto de EGB que dejó el colegio para ayudar a su padre albañil. Pero otra corriente defiende que el nivel de exigencia era mucho mayor: «lo que se exigía en educación Primaria y Secundaria era mucho más». La clave es la escuela selectiva: pocos llegaban y a esos se les hacía estudiar latín para leer La Guerra de las Galias. En cambio, «hoy en día todo el mundo tiene acceso a estudios sin realmente merecerlo», según una opinión extendida. Y ahí el dilema: ¿es mejor un sistema que promociona a todos con menos nivel, o uno que descarta a la mayoría pero exprime a la élite?
El informe PISA y el espejo de la nostalgia
El detonante fue el informe PISA. La conclusión de que España queda en ridículo es aceptada por todos los análisis, pero la interpretación cambia. Para unos, el sistema es un fracaso porque el nivel medio es bajísimo. Para otros, se confunde el nivel educativo con «la cantidad de gente educada»: antes, el que estudiaba «salía con un nivel educativo que le da mil vueltas a un coleccionista de masters, posgrados, y microcredenciales, de hoy en día». Los más rudos van más lejos y culpan a la inmigración, al feminismo o al buenismo de cualquier reforma. Pero hay un matiz que nadie discute: la desigualdad. Hace décadas, la brecha socioeconómica era brutal y lastraba a la mayoría; hoy, la brecha es menor en acceso, pero quizá mayor en «sabiduría obtenida posterior al graduado». Y en la conversación se cuenta que una madre, sin el graduado, no sabía redactar un currículum y su hijo se lo hacía en el instituto. Otro mensaje viral presume de haber leído a los 15 años El Cantar de Mío Cid, El libro de buen amor, El Lazarillo, la Celestina, El Quijote, Leyendas de Bécquer, La Regenta y Miau. La duda de si eran lecturas íntegras o fragmentos queda en el aire. El cierre no es una conclusión. Es una pregunta incómoda: si los boomers tuvieron una educación tan superior, ¿por qué escriben «sovre» con v? La respuesta quizás esté en que la ortografía no se transmite, se aprende. Y eso, en ninguna generación, fue siempre así.