Oviedo: dos médicos denuncian una agresión y el relato se agrieta
En Oviedo, dos profesionales sanitarios denunciaron haber sido agredidos por un grupo de jóvenes en plena calle. Lo que en un primer momento se difundió como una paliza ultraderechista —al grito de consignas contra la izquierda y por portar simbología LGTBI— se ha convertido en un pulso entre dos relatos irreconciliables. Ninguno de los dos está confirmado.
La versión de los dos sanitarios agredidos
El relato que saltó a las televisiones nacionales sostiene que los agredidos son dos profesionales sanitarios que recibieron una paliza por parte de un grupo de ideología ultraderechista. El detonante, según esta versión, habría sido que las víctimas lucían simbología LGTBI, lo que introduce el posible componente de delito de odio. Sobre esa lectura se construyó en pocas horas la etiqueta de «agresión fascista», repetida en medios y redes.
El alcalde los llama «chavales» y Vox culpa a Sánchez
La respuesta política caldeó aún más el asunto. El alcalde de Oviedo, del PP, restó gravedad a los hechos al describir a los agresores como «chavales» que, a su juicio, no parecen «mala gente». Desde Vox, la portavoz en el Congreso, Pepa Millán, situó la raíz de la violencia ultraderechista en el Gobierno de Sánchez. Dos reacciones que resumen el marco: unos minimizan el episodio, otros lo aprovechan para desplazar la culpa.
La otra versión: pulsera de España, copas y trasquilados
No todo el mundo compra el relato. Circula una explicación alternativa, sin pruebas presentadas por ahora, según la cual los dos sanitarios iban bebidos, increparon a un joven por llevar una pulsera con la bandera de España e intentaron quitársela. Sus amigos, que estaban cerca, habrían ido a defenderle y la pelea se habría vuelto contra los provocadores iniciales. Quienes defienden esta lectura hablan de «ir por lana y salir trasquilados» y citan fotos en las que uno de los agredidos seguiría de fiesta a las 6 de la mañana.
Un suceso convertido en munición política
El caso aterriza sobre un terreno ya minado: el de las denuncias de agresiones ultras que, según algunos foreros, después se deshinchan. Se citan precedentes —una presunta agresión difundida en redes, un bulo con nombre propio— para desacreditar de antemano a los médicos. En sentido contrario, otra parte recuerda que desmontar a las víctimas antes de que se aclaren los hechos es, en sí, la vieja jugada. El archivo gráfico de esa noche, hora a hora, es hoy el campo de batalla donde ambos bandos creen tener razón.
Con dos relatos tan enfrentados, el asunto no está cerrado y dependerá de las pruebas y las imágenes de esa madrugada. Si se confirman, Oviedo sumará un capítulo a la violencia ultraderechista denunciada en España. Si no, engrosará la lista de denuncias que, según algunos, se caen solas. Por ahora gana una certeza incómoda: casi nadie esperó a los hechos para elegir bando.