De 500 a 10.000 plazas: el plan que desborda Ceuta
En Ceuta hay militares durmiendo sobre colchones usados mientras los migrantes recién llegados estrenan colchones nuevos. El contraste, convertido en una de las estampas más repetidas de la última semana, explica mejor que cualquier nota de prensa lo que ocurre en la ciudad autónoma: los recursos públicos se reordenan sobre la marcha y nadie detalla del todo el criterio. Cuando la logística chirría, la política suele seguir el mismo camino.
La crisis migratoria de Ceuta ha dejado de ser un asunto local. Las cifras que maneja el propio Gobierno describen un salto de escala difícil de digerir: de las 500 plazas de acogida previas se pasó a 6.000 en cuestión de días, con un objetivo declarado de 10.000. La ciudad, sostienen las lecturas más alarmadas, camina hacia su conversión en un gran centro de estancia temporal para migrantes.
La factura del día a día
El desbordamiento tiene coste material y humano. Los agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil arrastran jornadas maratonianas, y en el ambiente circula el relato de un agente que habría agredido a un compañero, presuntamente desbordado por el estrés acumulado. Al mismo tiempo, la sanidad pública de la ciudad ha tenido que reaccionar a un brote de varicela movilizando 45.000 banderilla, un despliegue que se presenta como previsión y que, visto desde la trinchera, suena más a parche de urgencia.
El relato oficial insiste en que hay capacidad de respuesta. El relato de la calle responde con la pregunta obvia: si la capacidad se multiplica por veinte en una semana, ¿dónde estaba antes?
La sentencia que lo cambió todo
Buena parte del diagnóstico sitúa el detonante en el terreno judicial. La llegada masiva se produjo pocos días después de que el Tribunal Supremo prohibiera las devoluciones en caliente de migrantes que llegaran por mar. Hay quien sostiene que esa resolución funcionó como un efecto llamada añadido; en contra pesa el argumento de que la frontera ya estaba tensionada desde antes. Lo cierto es que la coincidencia temporal alimenta el fuego político.
Los frentes que se abren a la vez
A la crisis migratoria se le han sumado frentes que multiplican la sensación de derrumbe. La aparición del cadáver de un vecino de Ceuta junto a unos asentamientos, cuya investigación preliminar apuntaba a un posible implicado de origen migrante, encendió aún más los ánimos. Y en paralelo, desde Bruselas llegó otro golpe de efecto: el Parlamento Europeo habría dejado caer que Ceuta no es España, enésima piedra en el zapato de la soberanía.
Ni el deporte se libra. La decisión de tapar unas camisetas que decían «Todos somos Caballas» —no «Todos somos Ceuta»— reabrió el pulso sobre qué significa representar a una ciudad donde, según los datos que se manejan, alrededor del 60 por ciento de la población es de otras nacionalidades, principalmente jovenlandés.
El relato y sus excesos
Cuando el suelo se mueve, florecen las teorías. Que si Soros, que si el Nuevo Orden Mundial, que si la Agenda 2030, que si Nostradamus predijo la llegada en tromba. En el extremo de ese imaginario aparece incluso el recuerdo del Desastre de Annual de 1921, cuando la derrota en el Protectorado jovenlandés dejó más de 10.000 soldados españoles perecid. La coincidencia de que el presidente del Gobierno tenga previsto reunirse en Nueva York el 23 de septiembre —con el alcalde de la ciudad y, según algunas versiones, con el descendiente del financiero húngaro— no hace sino inflar la leyenda.
La pregunta que queda en el aire es incómoda y no tiene respuesta fácil: ¿cuánto de esta tormenta es una crisis objetiva y cuánto una percepción que nadie sabe ya cómo desmontar?