El coche eléctrico en España: solo apto para la ciudad
En plena transición hacia la electromovilidad, el veredicto de muchos conductores es contundente: el 100% eléctrico está pensado para la ciudad, pero para salir de viaje hay que armarse de paciencia. Un vídeo de un ingeniero, ya desmentido por quienes se han molestado en mirar el mapa, sostenía que entre Madrid y Valencia las electrolineras están situadas cada 150 km, lo que dejaría solo dos puntos en todo el trayecto. La realidad supera las veinte estaciones. No es un detalle menor: marca la diferencia entre planificar cada repostaje o conducir con la tranquilidad de un depósito lleno.
La letra pequeña del viaje largo
Los argumentos en contra del eléctrico se apoyan en la experiencia. Uno de los casos más repetidos este verano: 4.870 kilómetros recorridos por Europa, una distancia que, en palabras de quien la hizo, con un eléctrico no habría salido de España. A lo que se suma el componente emocional: hay conductores dispuestos a pagar entre 200 y 300 euros al mes en carburante solo para seguir notando el cambio de marchas y las revoluciones del motor. El ahorro no lo compensa.
La única excepción: el taxi con placas solares
Hasta los más críticos admiten una salvedad: el eléctrico tiene sentido en la ciudad, sobre todo para taxistas con cargador propio alimentado por energía solar. Pero en carretera, las reticencias persisten. Aunque la red de recarga ha mejorado, la sensación de quedarse tirado sigue pesando más que el análisis racional.
¿Cerrará algún gobierno la brecha entre la ciudad y la carretera? Mientras tanto, el vídeo que despertó la polémica ya tiene varios años y la percepción pública no ha cambiado mucho.