Cómo encontrar el valor catastral de un piso nuevo
En plena burbuja inmobiliaria, con el ladrillo todavía humeante y las grúas en el horizonte, comprar una vivienda de nueva construcción tenía una letra pequeña que no contaban ni en la inmobiliaria ni en la notaría: el valor catastral del inmueble podía tardar en aparecer más de un año. Y sin él, el pago del IBI se convierte en un ejercicio de adivinanza con el ayuntamiento.
El código de 18 dígitos no es el valor
Lo que ve el comprador en la escritura es un código alfanumérico de 18 caracteres. No es el valor catastral, es la referencia catastral. Al introducirla en la web del Catastro, lo que aparece puede ser la finca entera sobre la que se levanta el edificio: unos 250 metros cuadrados de suelo sin construir, mientras que el piso comprado son 60 construidos y 54 útiles. Falta la división horizontal, el trámite que separa cada vivienda en el registro y que permite asignar un valor propio. Y ese trámite se atasca con facilidad.
La espera puede medirse en años
Las consecuencias tardan, pero llegan. Hay quien relata cómo pasó cinco años sin pagar un recibo de IBI por culpa del constructor y acabó recibiendo cinco cartas de golpe, una por ejercicio. Con el ejemplo que circula: un valor catastral de 15.025,30 euros, un tipo municipal del 0,65% y una cuota resultante de 97,66 euros. La fórmula es simple; el problema es conseguir la base.
Y cuando el Catastro pone al día el valor, la factura puede descolocar: con una tasación de mercado de 400.000 euros, la ponencia de valores suele fijar la base en la mitad, pero con un tipo ampliado de hasta el 1,10%, el recibo alcanza los 2.000 euros. En ciudades que han hecho revisiones catastrales, la subida se escala hasta nueve años para que el contribuyente digiera el golpe. Un estudio de Consumer Eroski en 2006 ya mostró que el IBI no era igual en ninguna de las 18 capitales analizadas. La pregunta del millón sigue sin respuesta única: ¿cuándo sabrá cada uno lo que toca pagar?