Germán Quintana: el niño que los Picos de Europa no devolvieron
En 1987, un niño de 13 años se detuvo a descansar durante una excursión por los Picos de Europa. El grupo siguió caminando. Cuando volvió a por él, ya no estaba. Desde entonces, no ha aparecido ni un solo resto. Tres décadas después, el caso sigue abierto y sin una explicación concluyente.
El terreno que lo explica casi todo
La geología de los Picos de Europa es kárstica: un laberinto de simas verticales de cientos de metros, tapadas por vegetación y sin explorar en buena parte. Quien ha hecho senderismo por Asturias lo da por plausible: un cuerpo que cae en una de esas grietas puede no aparecer jamás. La montaña no perdona, y en 1987 tampoco había los medios de rastreo actuales.
El helicóptero que convirtió el rescate en una segunda tragedia
El operativo de búsqueda dejó otro episodio negro: un helicóptero se estrelló en la montaña y murieron varias personas y varios perros de rescate. Entre las víctimas estaba la madre de la presentadora Anne Igartiburu. Un detalle que a menudo se omite y que añade una capa de turbiedad a la gestión del desastre de la época.
El 10% que desaparece como por arte de magia
En la conversación sobre desapariciones suele citarse esa proporción: el 90% de los casos se resuelven, el 10% se esfuman sin dejar rastro. Personas que salen a comprar o a aparcar el coche y nunca más se sabe de ellas. Un crío de 13 años en una excursión organizada no encaja en ese perfil. Salvo que alguien del grupo no contara todo lo que sabía, o que una sima se lo tragara por completo.
El caso Germán Quintana no tiene cuerpo, ni hueso, ni prenda. La hipótesis natural más razonable es la caída en una sima. Pero sin evidencia física, cada década que pasa suma preguntas en lugar de respuestas. La montaña guarda su secreto.