El stock de barcos en venta se multiplica por cuatro en cuatro años
Un contador de anuncios clasificados se ha convertido en el termómetro más incómodo de la burbuja náutica. Al arrancar el recuento había
10.242 barcos de ocasión en venta; unos años después, el mismo marcador señalaba
53.856. La cifra impresiona, pero conviene saber leerla: buena parte de esos anuncios no están en aguas españolas.
La progresión fue primero un goteo y después una riada. Un 0,7% en una semana, 300 unidades más en quince días: 10.423, 10.460, 10.534, 11.129, 11.493, 11.867. Luego el salto: 27.221, 27.726, 32.175, 40.179, 41.445, 42.775. El último registro anotado: 53.856. Y en medio, un único respiro: un descenso estival hasta 39.467 que se leyó como cambio de tendencia y que se deshizo en semanas.
¿Cuántos de esos barcos están realmente en España?
El contador global suma anuncios de más de 80 países, un detalle que desaparece cuando se cita la cifra redonda. Cuando el recuento rozaba los 53.000, una búsqueda limitada a España devolvía
10.562 embarcaciones. Otra referencia del mismo portal —un anuncio que aceptaba un apartamento como parte del pago en el puerto deportivo de Alcaidesa— marcaba 31.041 barcos de ocasión. Según qué filtro se aplique, el mercado español tiene diez mil o treinta mil unidades esperando comprador. Las dos lecturas son malas; una es simplemente más dramática.
El barco de pantalán: comprado por prestigio y usado para comer y volver
Según varios participantes del hilo, el comprador típico no adquirió un velero: adquirió una terraza flotante con matrícula. Barco para lucir, reloj caro a juego y una navegación que consiste en alejarse lo justo de la costa para que se vea desde el paseo marítimo, comer a bordo y volver a puerto. En verano basta darse una vuelta por cualquier marina del Mediterráneo: las embarcaciones salen del amarre y se quedan fondeadas a un tiro de piedra.
Arturo Pérez-Reverte ya lo había retratado en
Megapuertos y pijoyates, publicada en El Semanal en enero de 2009, donde describía la náutica deportiva española como un decorado de competiciones transoceánicas y regatas con la familia real al completo. Más postureo que mar. La sentencia que resume el fenómeno circula desde hace años: el segundo día más feliz de un hombre es el día en que compra su barco; el más feliz es el día en que lo vende.
¿Cuánto cuesta mantener un barco? Gasoil, amarre y casco
Amarre, limpieza y repintado del casco cada nueve o doce meses, jarcia, velas, seguro y combustible. La broma no es barata ni para un millonario. Según un forero, el yate de Enrique Ortiz llena el depósito con
20.000 euros para cubrir el trayecto Alicante-Ibiza-Alicante. Solo el gasoil. Y hay que sumarle un patrón con el carné expedido por la comandancia de marina.
El desgaste es la otra factura silenciosa. Como advierte un participante, el salitre no perdona: una embarcación que no recibe cuidados constantes —pulir madera, lijar, revisar entradas de agua y jarcia— pierde casi todo su valor en dos o tres años. Eso explica que dentro del mismo stock convivan unidades impecables y unidades que, a precio de derribo, siguen sin encontrar comprador.
El sector náutico pide ayudas públicas mientras su stock se dispara
Con el viento en contra, el sector náutico reclamó auxilio a la Administración, según recogió la prensa económica. La paradoja no necesita subrayado: un gremio que vive del lujo y de la ostentación pidiendo rescate público mientras su inventario de segunda mano se multiplica. Alguna publicación especializada tituló directamente
Tasazo a la náutica de recreo.
Hay quien sostiene que el barco no es solo un gasto prescindible, sino el primero que se cae de la lista cuando aprieta la economía doméstica. En contra, hay quien sostiene que quien navega de verdad sale siempre que puede, no solo en vacaciones. El problema es cuántos de esos propietarios navegaban de verdad.
Más de 10.000 barcos abandonados y un destino: el desguace
La publicación especializada Nauta 360 titulaba: «Más de 10.000 barcos están abandonados en España». El paralelismo con otros bienes suntuarios es inevitable: según un titular periodístico, la crisis también disparó el abandono de caballos. Y un forero citaba el testimonio de un trabajador de varaderos italianos según el cual hay propietarios que dejan la embarcación a reparar y no vuelven a buscarla porque no pueden pagar la factura.
Un barco sin uso y sin comprador no es un activo: es una factura con casco. De ahí que quepa suponer que muchas de las unidades más viejas y peor mantenidas acaben desguazadas, sin pasar siquiera por el mercado de ocasión. En verano el contador respira; en otoño vuelve a subir.
Qué esperar de aquí en adelante
Con el stock asentado por encima de los 40.000 anuncios globales y máximos por encima de 50.000, lo previsible, a juicio de varios foreros, es más desguace, más presión a la baja sobre los precios y más dificultades para los puertos deportivos que sostienen sus cuentas con amarres ocupados. Lo que no está escrito es que ese reajuste vaya a llegar sin rescate público de por medio. La náutica ya ha pedido el suyo.