La deuda perpetua y la normalización de la inflación: un ciclo sin salida
El sistema monetario actual se sostiene sobre un ciclo que se retroalimenta: cada vez que se emite deuda, se crea dinero; ese dinero extra presiona los precios; la inflación se normaliza y se acepta como inevitable; y entonces la sociedad se endeuda aún más. La tesis no es nueva, pero nunca había estado tan formulada desde la perspectiva del dinero como deuda perpetua.
La historia reciente es una advertencia. Entre 1820 y 1850, el Reino Unido experimentó una caída de precios del 50% mientras su economía crecía a un ritmo explosivo, gracias al patrón oro. Esa época muestra que no hace falta inyección monetaria para progresar. Sin embargo, el sistema actual parece incapaz de funcionar sin esa adicción.
Inflación: el instrumento que licua la deuda
La inflación no es un accidente, sino una herramienta. En un sistema donde la deuda es perpetua, el crecimiento de la masa monetaria es la única forma de evitar el colapso. La deuda pública y privada se licúa con la inflación, lo que permite seguir endeudándose sin despeinarse. La normalización de la inflación es, en realidad, la normalización del impuesto invisible que paga toda la sociedad.
El efecto Cantillon y la economía financiera
No todos salen perdiendo. El efecto Cantillon explica que la inyección de dinero no afecta a todos por igual: los primeros en recibirlo se enriquecen, los últimos sufren la devaluación. Así, la economía financiera crece más rápido que la real, y empresas no productivas se benefician del entorno. La productividad deja de importar; lo que importa es el apalancamiento.
Los límites: energía y recursos
Pero el sistema tiene un tope físico. El agotamiento de recursos baratos y la caída del EROI (energía retornada sobre energía invertida) ponen en duda la sostenibilidad del crecimiento indefinido. Sin energía excedentaria, la rueda no puede seguir girando. A este cóctel se suma la estanflación: inflación alta con crecimiento estancado, donde los bancos centrales pierden la capacidad de actuar.
¿Cómo protegerse?
Ante este panorama, la recomendación que emerge es diversificar hacia activos escasos: oro, plata, bitcoin o acciones de empresas productivas. Mantener deuda, como bonos o efectivo, es estar expuesto a la devaluación perpetua. La conclusión, sin embargo, es que mientras la energía barata fluya, el sistema puede alargarse indefinidamente; cuando falte, el castillo de naipes encontrará su tormenta.