La Odisea en prosa: García Gual y Cátedra, las dos grandes apuestas
Un espectador sale de la monumental película de Nolan sobre La Odisea y decide que toca leer el clásico. Pero no en verso: busca una prosa que conserve el aliento de la lengua original. Antes de comprar, conviene separar el grano de la paja.
La traducción de Carlos García Gual, en Alianza Editorial, se lleva la recomendación mayoritaria. Combina rigor y fluidez, y funciona como puerta de entrada natural para quien viene del cine. Enfrente, la edición de Cátedra atrae al lector exigente con su aparato crítico y sus notas.
La cuestión esconde una ironía de fondo. Homero no escribió la obra: la contaba. La fijación escrita llegó después, y con ella la pregunta incómoda sobre qué es el texto auténtico. Un canto se memoriza, se improvisa y se transforma; la prosa canoniza una versión. Ulises, por cierto, llega donde llega gracias al discurso. La palabra como herramienta de supervivencia.
Elegir entre García Gual y Cátedra es decidir qué Homero queremos: el que fluye como novela o el que se estudia con lápiz. Ninguna edición resuelve la paradoja de fondo: a quién leemos cuando leemos a Homero.