Cuba 2021: la foto del Malecón que divide entre encanto y miseria
Una instantánea del Malecón de La Habana, con sus fachadas descascarilladas y el mar de fondo, se ha convertido en la última piedra de escándalo en la discusión sobre Cuba. Hay quien ve en la estampa un paraíso auténtico y quien solo ve el resultado de 65 años de régimen. La escena de la película 'Juan de los muertos', donde con la ciudad ardiendo un personaje dice que "No, yo veo a Cuba como siempre", resume a la perfección la perplejidad.
El encanto como coartada
Para una parte de la izquierda nostálgica, Cuba es el último bastión contra la globalización: niños jugando en la calle, música en cada esquina, vida de barrio. "No ha llegado la globalización destructora de la identidad cultural", se argumenta. Pero el otro lado responde con crudeza: los niños no juegan a la consola porque no la hay, y las calles son el escaparate de la necesidad, no de la felicidad. La pobreza no es pintoresca cuando es permanente. Y el turista que canta las bondades del régimen rara vez se asoma a la Habana profunda, la de los arrabales y las infraviviendas que algunos testimonios describen con enorme dureza.
El dinero manda hasta en la isla de la igualdad
La revolución prometió igualdad, pero la realidad ha impuesto matices. La legalización de tiendas en dólares, donde se encuentra de todo, ha creado una brecha visible entre quienes reciben remesas del exterior y quienes dependen de una cartilla de racionamiento. La sociedad cubana, dice un análisis, ya no es igualitaria. Y mientras tanto, la deuda con España no para de crecer: en 2015 se condonaron 1.709,9 millones de euros y desde entonces ha vuelto a engordar. El régimen que denuncia al imperialismo no tiene problema en pedir sacrificios a los suyos.
Bloqueo, embargo y otras semánticas
La discusión sobre la política de Washington hacia la isla es un campo de minas terminológico. Para unos es un bloqueo criminal que asfixia a la población; para otros, un embargo limitado que afecta sobre todo a los ciudadanos estadounidenses, porque Cuba comercia con medio mundo. "Si hubiese embargo real no estaría lleno de dólares", se escribe. Hay argumentos para todos los gustos, incluido el del que recuerda que el franquismo votó contra el embargo y que en la isla hubo luto por Franco. La historia, como siempre, es más compleja que el eslogan.
Los plazos de la revolución
La ironía recorre el hilo con una pregunta: ¿cuántos años hay que esperar para que el socialismo funcione? Los más pacientes apuntan a los 65 años transcurridos como si fueran poco. "Es pronto para ver el resultado", dicen con retranca. Pero los datos, si se miran sin prejuicios, no acompañan: un país que produce de todo y no es capaz de proveer de azúcar a su propia población tiene un problema que ninguna teoría económica va a resolver en el corto plazo. La pregunta no es si el régimen caerá, sino qué dejará después.
Lo curioso es que en medio del debate sobre si la isla es el paraíso o el infierno, los índices de suicidio en Cuba están bajo mínimos. Hay quien dice que es porque la gente pelea cada día por sobrevivir y tiene un motivo para vivir. Otros se preguntan si no será porque el régimen no deja ni salir. La próxima vez que alguien hable del "encanto" de Cuba, quizás convenga preguntarle si está dispuesto a quedarse allí unas semanas. Sin billete de vuelta.