Eduardo Noriega: el actor que siempre se interpreta a sí mismo
Las tres últimas películas y la serie en la que ha trabajado Eduardo Noriega comparten un denominador común: el personaje es, en esencia, el mismo. Un niño pijo de buena familia, con educación, un punto de misterio y chulería. Da igual que el papel sea de médico, periodista o ejecutivo; el registro es idéntico. Una crítica recurrente que, lejos de ser nueva, tiene un precedente ilustre: Antonio Resines, cuyo carisma le permitió bordar el mismo arquetipo durante décadas sin que nadie le acusara de falta de versatilidad.
La sombra de Resines es alargada
Antonio Resines ha construido su carrera sobre un solo registro: el tipo campechano, irónico, a veces borde, pero entrañable. Y lo ha hecho tan bien que es difícil imaginar a otro actor en sus papeles. Su secreto no es la técnica —es licenciado en Ciencias de la Imagen, no en Arte Dramático— sino un carisma innato que llena la pantalla. Eduardo Noriega, en cambio, estudió en la RESAD y en la Escuela de Arte Dramático de Santander, pero su interpretación se queda en la superficie: un gesto congelado, una dicción correcta pero sin matices, una incapacidad para desaparecer tras el personaje.
¿Y el resto del cine español?
Noriega no es el único. El debate sobre actores que se interpretan a sí mismos se extiende a otras figuras como Rodolfo Sancho —hijo de Sancho Gracia—, a quien algunos consideran desaprovechado pese a su credibilidad en series históricas. La comparación con el pasado duele: series de los 70 y 80, con actores de teatro, tenían una calidad interpretativa que hoy escasea. Incluso las comedias cutres de Esteso y Pajares, sin subvenciones, llenaban cines. Un síntoma de que la industria actual prioriza el marketing sobre el oficio.
El dato que descoloca: Antonio Resines, sin formación actoral reglada, logró que le confundieran con el personaje real en campañas de salud pública. Eduardo Noriega, con años de escuela, sigue sin convencer más allá de su cara bonita. Mientras tanto, el cine español sigue produciendo series sobre reinados medievales con presupuestos que harían palidecer a Juego de Tronos, pero olvida figuras como Blas de Lezo, cuya vida es puro material dramático. Algo no cuadra.
Debates relacionados en el foro