El amo sí tiene amo (Beatriz Becerra en El Hapañol)

El amo sí tiene amo (Beatriz Becerra en El Hapañol)
RESUMEN

El presidente Pedro Sánchez parece comportarse más como un amo que como un servidor público, situándose por encima de las instituciones y los controles democráticos. La democracia se define por la ausencia de amos, no por la calidad de uno.

El presidente y su atalaya

Pedro Sánchez ha adoptado una postura que algunos interpretan como la de un "amo", colocándose en una posición elevada por encima de los conflictos, las instituciones, los partidos, los medios y los controles democráticos. Desde esta atalaya, parece decidir quién merece lealtad, cuál debe ser el relato y quién se convierte en un enemigo. Esta forma de ejercer el poder, más que un ejercicio de rendición de cuentas, se presenta como un sustituto de la misma. Las decisiones, las desclasificaciones selectivas de informes, los reproches a tribunales o las burlas a oponentes se suceden, a menudo negando, minimizando, aplazando o silenciando.

La entrevista concedida en el programa Mañaneros 360 de TVE, un espacio producido por una productora externa, ha sido objeto de críticas por parte del Consejo de Informativos de TVE. Este órgano ya había emitido un informe severo en enero señalando problemas de sesgo, mezcla de información y opinión, opacidad editorial y un tratamiento favorable al Gobierno. El Consejo reclamaba que una entrevista de tal interés público fuera realizada por profesionales de los Servicios Informativos de RTVE, servidores públicos, pero la decisión final pareció seguir otra lógica.

La televisión pública, ¿territorio de protección?

La percepción de la televisión pública como un espacio de protección narrativa en lugar de un lugar de escrutinio es preocupante. En lugar de destruir el Parlamento, se le puede convertir en un mero escenario. No es necesario controlar formalmente a los jueces si cada decisión que perjudica al poder se presenta como sospechosa. Tampoco se necesita silenciar a los periodistas si se construyen espacios donde el relato oficial llega convenientemente empaquetado. Las reglas, en lugar de ser abolidas, pueden empezar a ser consideradas obstáculos por quienes deben aplicarlas.

El nuevo autoritarismo, a diferencia del viejo, no necesita cerrar periódicos o prohibir partidos. Puede ser mucho más sofisticado, conservando las instituciones, celebrando elecciones y manteniendo procedimientos, mientras vacía de autonomía todo aquello que debería limitar el poder. Esta actitud, que algunos han calificado como la de un "puto amo", según palabras del ministro Puente, redefine la naturaleza del poder en una democracia.

Límites al poder y la ausencia de amos

Un Estado democrático se define, por su propia naturaleza, por la existencia de límites al poder. La democracia no se define por tener un buen amo, sino precisamente porque nadie puede serlo. Nadie tiene, por tanto, derecho a situarse por encima de las reglas que garantizan la libertad. El ejercicio del poder, sostenido en el tiempo, no equivale a gobernar. La cuestión fundamental es qué quedará de las instituciones cuando esta etapa concluya y qué mecanismos de poder se habrán normalizado en el proceso.

Datos clave
  • *Pedro Sánchez**
  • *Mañaneros 360**
  • *TVE**
  • *10 de septiembre de 2026**
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