Gasoil a 2,2 euros: la paradoja del barril a 82 dólares
¿Cómo se explica que el litro de gasoil ronde los 2,2 euros con el barril de Brent en 82 dólares? En 2008, con el crudo en 147 dólares, el litro se pagaba entre 1 y 1,3 euros. La cuenta no sale, y la búsqueda de responsables sigue abierta.
Un barril más barato y un surtidor más caro
Los datos cantan. Hace algo más de una década, el Brent marcó máximos históricos en 147 dólares y el gasoil en España se movía en la horquilla de 1,0 a 1,3 euros por litro. Ahora el crudo cotiza en 82 dólares y el litro supera los 2 euros, rozando los 2,2 en buena parte del territorio. La relación entre petróleo y carburante se ha roto. Parte de la explicación está en la fiscalidad: el impuesto especial sobre el gasóleo en Alemania es de 47,04 céntimos por litro, frente a los 37,9 de España, con el mínimo europeo en 33. Pero el IVA español, al 21%, recauda más que el alemán, al 19%. Y luego está la comparación con otros países: en Croacia el litro cuesta 1,62 euros y en Alemania 2. El crudo es el mismo; el surtidor no.
Ormuz, el verdadero actor
Las explicaciones políticas se quedan cortas. El cierre del estrecho de Ormuz el 15 de julio, con Irán lanzando misiles a buques, ha movido el precio del crudo y, con ello, el del gasoil. Atribuir la subida al Ejecutivo de turno es un atajo ideológico que no resiste el calendario. La geopolítica ha mandado más que las siglas. Aun así, hay quien recuerda que el barril está relativamente barato: a 79 dólares, lejos de los 147 de 2008. Si llegara a 150, el impacto sería de otra dimensión.
Beneficios que llenan el depósito
Mientras el conductor paga, las petroleras sonríen. Repsol obtuvo en el primer semestre un efecto patrimonial positivo de 823 millones de euros por la revalorización de sus inventarios y el alza del crudo, que impulsó su beneficio neto hasta los 2.201 millones, un 265% más que el año anterior. No hace falta ser muy suspicaz para sospechar que, con estas cifras, la urgencia por bajar precios no es la prioridad.
La huelga que se queda en la toalla
¿Y la huelga general? Con agosto de por medio, playas y chiringuitos a rebosar, la convocatoria tiene poco recorrido. Además, la fractura política es tal que cada parte espera a que gobierne la otra para protestar. Se ha superado la ventana de Overton con la subida de hace dos años y la normalización del precio alto. La resistencia se ha trasladado del volante al sofá. Con estos mimbres, la huelga que algunos esperan seguirá aparcada.
Mientras tanto, el litro sigue subiendo. Y la próxima vez que alguien invoque al gobierno de turno, conviene recordar que el crudo lo pagamos todos igual; la diferencia la ponen las políticas fiscales y la geopolítica. Pero eso no llena el depósito, claro.