Un robot que camina, habla y cuesta 15.000 euros: nadie dice nada
El mes pasado llegó al mercado un robot humanoide que camina, mantiene conversaciones y cuesta 15.000 euros. Sin ruedas de prensa ni grandes anuncios, el producto se ha colocado en la vitrina tecnológica con el ruido justo: el que hacen los comentarios de quienes ya lo han visto. El precio llama la atención, pero no por caro, sino por barato para lo que ofrece.
La fabricación es china, como casi todo en esta categoría. Y la historia se repite: cuando el hardware baja de precio, la discusión pasa de la utilidad a la estética. Aquí la estética es exactamente el problema. Hay quien la define como la encarnación del valle inquietante: tan cerca de lo humano que produce rechazo. La naturalidad del movimiento y de la conversación no alcanza a disimular que hay metal y plástico donde se espera piel.
El asunto no es menor. Si en 2025 un robot con estas prestaciones cuesta 15.000 euros, ¿cuánto costará en tres años? Los que han reaccionado al precio aplauden la entrada en una fase de democratización de la robótica personal. Los más escépticos recuerdan que la garantía dura menos que la fascinación: el producto se presenta sin red, y con la obsolescencia programada que ya conocemos del resto de la electrónica de consumo.
Detrás de las bromas hay una pregunta seria: qué pasa cuando una máquina capaz de mantener la conversación y caminar se vuelve asequible. Los primeros en responder serán los que ahora mismo están decidiendo si el desembolso merece la pena. Por eso llama tanto la atención el silencio: el producto está aquí, cuesta lo que cuesta un coche pequeño, y nadie dice nada. Bueno, casi nadie.