_Angelito_
Lonchafinista
Imagina ser el CEO de…
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Joel Riddle, CEO de Polar Train LNG, renunció después de que se conociera que la empresa rusa sancionada Novatek estaba detrás de un proyecto energético de 25.000 millones de dólares en Alaska. La Casa Blanca ha admitido que el proyecto se mencionó «brevemente» en conversaciones con Putin.
El caso tiene todos los ingredientes de un thriller corporativo mal escrito. Un ejecutivo estadounidense cree que negocia con gente cercana a la familia presidencial. De pronto descubre que el dinero, o parte de él, viene de una empresa rusa bajo sanciones de su propio gobierno. Y el nombre de esa empresa, Novatek, aparece en un proyecto de 25.000 millones de dólares en Alaska.
Polar Train LNG es una empresa energética estadounidense. Su consejero delegado, Joel Riddle, presentó su renuncia después de que saliera a la luz la participación de Novatek en el proyecto. Novatek es una compañía rusa de gas que está bajo sanciones de Estados Unidos. La operación se presentó como una iniciativa estadounidense, con socios locales y contactos en el entorno de Donald Trump Jr.
El intermediario visible era Gentry Beach, descrito como amigo cercano del hijo del presidente. Detrás de esa fachada, según los informes, estaba la empresa rusa. Riddle, al parecer, no lo sabía. O eso se desprende de su salida.
El nombre del proyecto también ha aparecido en otro contexto. Steve Witkoff y Jared Kushner, enviados en conversaciones con Vladímir Putin, discutieron el asunto. La Casa Blanca ha reconocido que el proyecto se mencionó «brevemente». Esa fórmula, «brevemente», es la manera diplomática de decir que sí, que se habló, pero que no fue importante.
La pregunta que queda flotando es por qué dos emisarios estadounidenses en una negociación con Moscú sacan a relucir un proyecto energético privado en Alaska. No hay respuesta oficial. Tampoco hay acusación formal. Solo la coincidencia.
Quien conozca cómo funciona la industria extractiva en Rusia sabe el resultado. Las regiones ricas en minerales e hidrocarburos han sido explotadas a cielo abierto. La riqueza sale hacia Moscú y San Petersburgo. Lo que queda es un paisaje devastado y una población empobrecida.
Ese es el modelo que algunos temen para Alaska si el capital ruso entra en su sector energético. Alaska no es una región pobre precisamente: sus recursos son enormes. Pero la lógica de la explotación sin control local no suele beneficiar al territorio.
Hay hechos confirmados: la renuncia de Riddle, la implicación de Novatek, la cifra de 25.000 millones, la mención en la Casa Blanca. Hay interpretaciones: que Trump y su entorno quieren vender Alaska, que la presión sobre Ucrania tiene que ver con esto. Esas interpretaciones no están probadas.
Un escándalo de corrupción se construye con documentos, no con tuits. De momento, lo que hay es un CEO que se va, una empresa sancionada en el centro y una admisión incómoda desde la Casa Blanca. Poco para un titular de guerra mundial. Bastante para una investigación.
Imagine being a CEO of an US energy company and thinking that you work with close associates of the Trump family, only to find out that behind them is a sanctioned Russian company, really pulling the strings. This happened in Alaska. Polar Train LNG's CEO, Joel Riddle, stepped… pic.twitter.com/zCG3eRa0hJ
— (((Tendar))) Ver publicación en X
Trump was never sending Kushner and Witkoff to broker peace. He was having those two crooks sell our Alaskan public land and our Alaskan natural resources to the fucking Russians as if it were his.https://t.co/uM4zdlAjQq
— Heather Thomas Ver publicación en X
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