Wismichu, sus funkos y una tasación de 70.000 euros que nadie paga
¿Cuánto vale de verdad una colección de Funkos cuando no hay un solo comprador a la vista? El caso del youtuber Wismichu lo ha puesto negro sobre blanco. Pionero de la primera generación de creadores en español, ahora ha tasado su colección de muñecos de vinilo en más de 70.000 euros. Según sus cálculos, solo el 40% de la colección superaría los 36.000 euros. El problema: no hay comprador.
El 10% del valor que se cree tener
La regla no escrita del coleccionismo de masas es que las grandes acumulaciones se venden por una fracción de su precio de tasación. Las colecciones enormes terminan teniendo el 10% del valor que dicen tener. El ejemplo clásico es el de la biblioteca valorada en 100.000 euros que acaba vendiéndose al peso por 2.000. Los Funkos, concebidos como productos de consumo, no escapan a esa dinámica: la mayoría de las piezas son ediciones masivas sin aprecio real. Los coleccionistas veteranos llaman a esto el síndrome de Diógenes del plástico: acumular por acumular, con un valor percibido que no resiste el contraste con el mercado.
La economía youtuber en decadencia
El episodio no es un caso aislado. Detrás de la burla subyace un fenómeno económico: los creadores de la segunda ola de YouTube están viendo cómo se agotan las fuentes de ingresos. Los que llegaron antes de 2015 lograron acumular rentas que pocos han sabido gestionar. Los que vinieron después, con el algoritmo cambiando las reglas, sobreviven con lo justo. La colección de Wismichu parece el reflejo físico de esa burbuja: mucho plástico apilado que ha perdido su valor líquido. La comparación con los Lladró de los millennial no es casual: el mercado de una generación se desinfla cuando esa generación madura y cambia sus prioridades.
La salida: estrategia o punto limpio
Quienes conocen el mercado de segunda mano coinciden en que una colección de esas dimensiones no se vende en un lote. Hace falta inventariar, vender pieza a pieza en plataformas de segunda mano y aceptar precios realistas. Es un trabajo a tiempo completo que puede alargarse más de un año. Si no, el destino es la donación o el punto limpio. La venta individualizada de 36.000 artículos es inviable, y las tiendas físicas solo absorberían una fracción. En el fondo, resulta tan absurdo como pedir por cada muñeco un sobreprecio por el mero hecho de haber pertenecido a un youtuber famoso.
Al final, el precio de una colección no lo fija su dueño, sino el mercado. Y cuando el mercado responde con una carcajada, lo más sensato es empezar por guardar la calculadora.