Éramos felices y no lo sabíamos: el final de la promesa de los 90
Decir que los años 90 no volverán es un tópico. Lo llamativo es que un programa de música antigua en TVE, conducido por Santiago Segura, haya servido de detonante para una reflexión que va más allá del recuerdo: la sensación de que el futuro prometido se quedó en el camino.
La fractura de 2008
Quienes vivieron la última etapa de prosperidad en España sitúan el punto de no retorno en 2008. “A partir de ahí, marcha atrás”, resume la lectura más extendida: se desvaneció la idea de que la vida siempre mejora y empezó a instalarse la percepción de que algo se rompió para siempre. Antes estuvo la era dorada del final de los 90, la del “paquismo tardío” como mejor época, hasta que entró el euro.
La memoria y el espejo cóncavo
Hay dos explicaciones en liza. Una, subjetiva: los recuerdos se embellecen con el tiempo, sobre todo los de la juventud. Otra, objetiva: la acumulación de normas, prohibiciones y pantallas ha reducido la espontaneidad, y la tecnología ha sustituido a la vida. La nostalgia ya no parece un refugio inofensivo, sino un diagnóstico: algo se prometió y no llegó.
Si todo aquello era mejor, ¿por qué solo se puede volver a ello en pantalla? Quizá porque el futuro esperado ya no viene, y el único refugio disponible es mirar hacia atrás.