El avión de Prigozhin cae a plomo en Tver sin una versión oficial que cuadre
El jefe del Grupo Wagner, Yevgeny Prigozhin, ha muerto en el siniestro del avión privado en el que viajaba sobre la región rusa de Tver. Con él fallecieron al menos otras diez personas. La muerte la han dado por confirmada los principales medios internacionales y también los mandos de la propia estructura que dirigía, que reconocieron el fallecimiento de Prigozhin y de Utkin. No hay ninguna versión oficial que lo presente como un accidente. El aparato
cayó a plomo y muy pocos se molestaron en fingir sorpresa.
Qué se sabe del avión y quién confirma la muerte
El aparato siniestrado es un
Embraer propiedad de Prigozhin con matrícula RA-02795. Según el rastreo de los datos de vuelo, la aeronave no emitió señal de posición, pero sí otros registros que permiten reconstruir cómo se desplomó. Las imágenes de los restos muestran el fragmento con el número 795, coherente con la matrícula. La lista de pasajeros incluía al propio Prigozhin y fuentes del sector sitúan también a bordo a Utkin, otro de los nombres de peso del grupo. El responsable de la administración rusa en la región de Zaporiyia, Rogov, aseguró que los líderes de Wagner confirmaron ambos fallecimientos.
Los medios internacionales fueron los que dieron la noticia. Financial Times, Reuters, BBC, Al Jazeera, El Mundo e Infobae confirmaron la muerte de Prigozhin.
¿Por qué casi nadie acepta la versión del accidente?
La caída en vertical hizo pensar a varios participantes en un ataque y no en un fallo mecánico. La trayectoria, señalan quienes han mirado los registros, encaja mejor con una explosión a bordo o con un impacto externo.
Ninguna de esas hipótesis está probada. Hay quien sostiene que fue un misil antiaéreo; hay quien apunta a un artefacto colocado dentro del avión. La discusión se mueve en el terreno de la conjetura y así conviene leerla.
Otro argumento que circula es más sutil: la cantidad de vídeos grabados con teléfonos móviles sugiere que el estruendo fue lo bastante grande como para que varios vecinos sacaran el dispositivo a tiempo. En contra juega un detalle incómodo: apenas se veía el avión en esas grabaciones. Es decir, la prueba que unos esgrimen como confirmación del derribo, otros la leen como prueba de escenificación.
Del motín de junio a la cumbre del BRICS
El contexto no ayuda a vender la tesis del accidente. En junio, Prigozhin encabezó un intento de golpe de Estado contra Putin. Sobrevivir a eso durante semanas ya era, en sí mismo, un dato. El siniestro llegó además con la cumbre del bloque BRICS en marcha, un detalle que varios análisis aprovechan para discutir el relato de un Putin debilitado.
Según un mensaje que circula en el hilo, el bloque ampliado suma once países, el 30% del PIB mundial, el 46% de la población y el 80% de la producción de petróleo.
Con ese telón de fondo, eliminar a un subordinado rebelde dentro de casa y en plena función internacional es, como mínimo, una elección de escenografía discutible. Y quizá, precisamente por eso, un mensaje.
A todos suicida, a todos accidenta, a todos enferma es la lectura que se repite cuando se repasa el historial reciente de caídas, envenenamientos y ventanas abiertas.
La hipótesis de la muerte simulada
Prigozhin tenía otros aviones parecidos, y eso alimenta la sospecha más repetida: que el pasajero del RA-02795 no fuera él. La teoría del doble o del fallecimiento fabricado tiene poco donde agarrarse, pero encaja con una manía conocida del personaje: la de reaparecer cuando ya se le daba por muerto. Se apunta incluso a que el siniestro se produce en Rusia, con testigos y cámaras, cuando una eliminación discreta en el Sahel habría sido mucho más sencilla.
Esa contradicción —demasiado público para ser una ejecución limpia, demasiado conveniente para ser casualidad— es la que deja el análisis atascado. Tampoco ayuda que, según los relatos que circulan, no vaya a mostrarse el cuerpo.
El jefe de Wagner y la frase que se le devuelve
Meses antes, el propio Prigozhin había justificado la ejecución de un desertor con una sentencia breve:
«Ha vivido como un perro y ha muerto como un perro». La frase volvió a circular, devuelta, nada más conocerse el siniestro. Un mando que ordenó castigos ejemplares entre sus propios hombres no genera simpatías póstumas, y la conversación pública pasó rápido del pésame al cálculo.
Queda la cuestión de fondo, la que no depende de este avión: si un Estado utiliza un grupo armado para lo que no quiere firmar, el día que decide prescindir de él, el instrumento se convierte en el problema.
El punto exacto donde todo se atasca es este: no hay versión oficial, no hay informe y no hay cuerpo. Accidentes así han existido. Ejecuciones disfrazadas de accidente, también. Nadie ha demostrado cuál de las dos cosas es esta, y puede que nadie llegue a demostrarlo.