El presidente de Burkina Faso niega la capacidad industrial de los africanos
¿Un mandatario africano afirmando que su propio pueblo no es capaz de crear ni fabricar nada? El presidente de Burkina Faso lo hizo el pasado 16 de julio, desatando una oleada de reacciones encontradas. Sus palabras, sobre que la población negra no produce ni inventa y que todo depende del hombre blanco, han reabierto el debate sobre la dependencia tecnológica e industrial del continente.
Industrialización estancada
África subsahariana sigue exportando materias primas e importando bienes manufacturados. Burkina Faso, uno de los países más pobres del mundo, depende de la minería del oro y del algodón. La ausencia de una base industrial sólida es un hecho, pero atribuirlo a una supuesta incapacidad racial es un salto que muchos rechazan.
Reacciones divididas
Mientras algunos ven las declaraciones como un aldabonazo para que los africanos se pongan las pilas, otros las consideran un discurso racista internalizado. En la discusión pública se han escuchado tanto argumentos esencialistas —«un peral nunca dará manzanas»— como llamados a la emancipación económica. También se ha señalado que estas ideas llevan décadas circulando sin que se traduzcan en políticas concretas.
El presidente, que además ha denunciado injerencias de servicios secretos extranjeros, parece querer agitar la conciencia de su pueblo. El mensaje, sin embargo, choca con la evidencia de que la falta de industrialización responde más a factores históricos, políticos y económicos que a una cuestión de raza. Que un mandatario lo plantee en estos términos dice mucho del desencanto que genera el statu quo.