En mi pueblo en La Sagra había un cura que hacía cosas indecentes a los galgos. Era ya anciano, de joven había tenido líos a montones en el pueblo tanto como con hombres como con mujeres. Dejó unos cuantos descendientes ilegítimos, de una forma muy evidente además. Se ve que de viejo ya no se le enderezaba y ya sólo disfrutaba haciendo actos obscenos a los animales.
En una ocasión un vecino del pueblo le pilló con su mujer en la cama. El tío tuvo la ocurrencia de denunciar al cura y acabó condenado por un juez por difamar al sacerdote.
Este señor ya de viejo nos daba cincuenta pesetas a un primo mío y a mí para que subiéramos por los tejados y tiráramos tomates podridos al cura mientras estaba en el corral realizando actos sensual con los perros.
Imaginaos unos zagales de ocho años contemplando la escena, nos esperábamos a que el cura tuviera la mayor cara de emoción posible y entonces le emprendíamos a tomatazos y nos íbamos corriendo antes de que se diera cuenta de quien le lanzaba la hortaliza.
Teníais que haber oído las blasfemias y juramentos del mosén, era algo espectacular.
Y más lo fue en una procesión de semana santa.. yo tierno monaguillo que iba con la cruz y de repente un galgo se arroja sobre el sacerdote. Todos del pueblo sabían lo que pasaba.