Muere Gemma Cuervo: medio siglo de actriz antes de Vicenta
¿Se puede resumir a Gemma Cuervo en cinco temporadas de sitcom? Es la pregunta que aparece en cuanto se confirma su fallecimiento a los 91 años. Antes de que medio país la fijara como la Vicenta de Aquí no hay quien viva, la actriz llevaba 50 años de oficio repartidos entre teatro, cine y televisión. Por eso el primer impulso es agradecer el trabajo. El segundo, que llega casi de inmediato, es discutir qué serie era aquella y por qué molesta tanto que la recuerden precisamente por ella.
Quién era Gemma Cuervo más allá de la portera
Hija de militar, madre tres veces, con una filmografía que arranca mucho antes de la comedia de vecinos. En Vente a Alemania, Pepe compartía plano con Fernando Guillén, su marido también fuera del rodaje, una de esas coincidencias que el cine español regalaba sin publicidad. La memoria colectiva la coloca igualmente como suegra en Médico de Familia, otro papel de reparto que se quedó instalado en la cabeza de una generación entera.
El inventario completo de su carrera —teatro, secundarias de lujo, decenas de títulos— es lo que mejor explica el encasillamiento. Y no cabe en un párrafo.
Radio Patio se queda sin voces
Con ella desaparece la última integrante del trío de Radio Patio, el formado por Mariví Bilbao, Emma Penella y la propia Cuervo, que era la más joven de las tres. Ese detalle es el que mejor mide el salto generacional: la televisión que las encumbró se ha quedado ya sin testigos directos.
La bronca sobre el wokismo, otra vez
Ninguna esquela aguanta mucho sin que alguien le cuelgue una guerra cultural. Aquí no hay quien viva, emitida entre 2003 y 2006, vuelve al centro de la disputa. Hay quien sostiene que era una sátira sobre la sociedad española y sus vecindarios, y hay quien lee en sus tramas una ingeniería social de manual. El relevo, La que se avecina, recibe el mismo tratamiento con más acritud, aunque no todos coinciden: parte del público defiende que la secuela es más ácida y menos complaciente que la original. La presencia de personajes LGTB y de episodios sobre inmigración o machismo se usa como prueba de cargo por unos y como simple retrato de época por otros.
Y luego está el dato incómodo para los dos bandos: la serie envejeció mal en su última etapa, cuando el guion dejó de sostener a los personajes y tiró de caricatura. Ese desglose por temporadas da para otra discusión entera.
Lo que nadie discute
Ni una sola voz pone en duda que la señora actuaba bien. La pelea, como siempre, era sobre lo que decimos de nosotros mismos cuando encendemos la tele.