Muere a los 62 años el exdirector de Ulma Iñaki Gabilondo
El domingo falleció de forma repentina Iñaki Gabilondo Mugarza, exdirector general del grupo cooperativo Ulma, a los 62 años. La noticia, difundida por fuentes de la cooperativa de Oñati, ha causado conmoción en el tejido empresarial guipuzcoano. Pero la confusión se adueñó de la conversación: al leer el nombre, muchos pensaron en el periodista Iñaki Gabilondo, de 83 años, y las reacciones oscilaron entre el alivio y la decepción.
Gabilondo Mugarza se había jubilado apenas cuatro meses antes, en abril, cuando Aitor Ayastuy tomó el relevo. Su trayectoria al frente de una de las cooperativas más reconocidas del territorio le había convertido en referencia del cooperativismo. Los funerales por su alma están previstos para el martes.
La confusión con el periodista y el champán descorchado
El eco fue inmediato y revelador. Varias reacciones admitieron haber entrado con la «botella de champán en la mano» antes de leer la noticia completa. La homonimia jugó una mala pasada: la muerte del directivo pasó a un segundo plano mientras la atención se centraba en si el conocido comunicador seguía vivo. No faltaron chascarrillos sobre una «repentinitis» que se cebaría con los recién jubilados.
Detrás del humor asoma un debate serio. La edad del fallecido —dos años antes de la edad ordinaria de jubilación— reabrió la discusión sobre el alargamiento de la vida laboral y la sostenibilidad de las pensiones. Hay quien lo leyó como un mal presagio para quienes logran jubilarse y fallecen poco después. Otros lo tomaron con ironía, sugiriendo que el sistema ya prevé fórmulas para ajustar la esperanza de vida.
El legado silencioso del directivo
Mientras la anécdota copaba el ruido, la figura de Gabilondo Mugarza quedó desdibujada. Dirigió Ulma, un grupo cooperativo que es punta de lanza del modelo empresarial vasco, y su muerte a los 62 años deja un hueco difícil de llenar. La cooperativa de Oñati perdió a un referente; el cooperativismo, a uno de sus nombres señeros.
No faltó quien aprovechó para cargar contra el periodista homónimo, convertido en objeto de animadversión política. En el extremo opuesto, otros recordaron que el fallecido era «un vasco que hacía mejorar su entorno» y que un nombre no define un legado. La tensión latente entre ambas lecturas refleja la polarización del momento.
La confusión con el periodista, más conocido para el gran público, es un recordatorio incómodo: hay trayectorias que merecen un titular propio. Y no siempre lo consiguen.