Rotondas españolas: por qué el 99% conduce mal y nadie pone remedio
Un conductor entra en una rotonda pequeña de dos carriles por la derecha para tomar la tercera salida. Cuando pasa por la segunda, un SUV que entró por el izquierdo y pretende seguir recto se le cruza. Frenazo, susto y un diagnóstico: "el 99% de la gente lo hace mal". La escena, repetida miles de veces al día, refleja lo que muchos conductores españoles viven como una jungla de asfalto donde el código de circulación es papel mojado.
Legal pero polémico: el carril derecho como dogma
Una corriente de análisis sostiene que es completamente legal circular por el carril derecho aunque se vaya a tomar la tercera o cuarta salida. La Guardia Civil ha publicado vídeos que, según sus defensores, avalan esta práctica: en rotondas pequeñas, cambiarse al carril interior obligaría a dos maniobras de carril en poco espacio, aumentando el riesgo. "Es legal, pero no es correcto", replican otros. "Que sea legal no significa que sea eficiente ni cívico". La polémica enfrenta a puristas del reglamento con quienes defienden la fluidez del tráfico.
La jungla del asfalto: intermitentes olvidados y picaresca
El uso del intermitente brilla por su ausencia. Conductores que salen del carril interior sin avisar, SUV que entran a más de 40 km/h, y una picaresca creciente: algunos circulan deliberadamente por el exterior para provocar choques y cobrar del seguro. "El cementerio está lleno de gente que tenía razón", resume un análisis recurrente. La conclusión práctica es que, ante la falta de civismo, lo más seguro es ir siempre por la derecha, aunque eso perjudique la fluidez y genere atascos.
La solución holandesa: turbo rotondas que sí funcionan
Mientras en España el caos campa a sus anchas, Países Bajos lleva años aplicando un sistema sencillo: carril derecho para primera salida y seguir recto; carril interior para el resto, con señalización clara y salidas segregadas. Ciudades como Vigo ya han empezado a implantar estas turbo rotondas con buenos resultados. "Cuando bajo a España y cojo el coche, me siento en la India", resume un conductor habituado al método holandés. La pregunta es: ¿cuántos accidentes y discusiones harán falta para que la DGT adopte un modelo que ya funciona en otros países?
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