¿Moda o remordimiento? El regreso a la fe tras los excesos de los 2010s
¿Estamos ante una oleada de conversiones sinceras o ante un consumo rápido de perdón? En los últimos meses, varias figuras que hicieron de la fiesta y el exceso su seña de identidad han anunciado su vuelta a la Iglesia católica. Un fenómeno que coincide con la crisis económica y existencial de quienes quemaron la década pasada a toda mecha.
El cristianismo como producto de consumo en tiempos de crisis
Hay quien lo define como "cristianismo de consumo fácil y rápido para épocas de crisis". La idea es simple: vivir sin límites durante años y, cuando llega la resaca, buscar una fe que lo perdona todo sin demasiado esfuerzo. "Una religión que te perdona todos tus pecados en la vida terrenal. Todos", resume un análisis crítico. La tentación del borrón y cuenta nueva es evidente, sobre todo cuando el catolicismo ofrece un chivo expiatorio divino.
Entre el escepticismo y la aceptación
La reacción mayoritaria es de escepticismo. Frases como "cien años de puta y dos de beata" reflejan la sospecha de que estas conversiones son un lavado de cara más que una transformación real. Otros prefieren verlo como un mal menor: "Gatos, prozac, new age o religión... casi que prefiero que se vuelquen en esto último". La discusión no es tanto sobre la fe como sobre la autenticidad del arrepentimiento.
¿Católicos o protestantes renacidos?
Un matiz relevante: no todos los que vuelven a la fe lo hacen al catolicismo. Los llamados "cristianos renacidos" suelen pertenecer a iglesias protestantes evangélicas, con un discurso más emocional y de perdón instantáneo. En España, el crecimiento protestante se da sobre todo entre la comunidad evangélica latinoamericana y los gitanos. Pero el fenómeno que nos ocupa parece más católico, aunque con ribetes de espectáculo.
Cierre: el negocio del perdón
Lo que queda claro es que el arrepentimiento vende. Tanto en las redes sociales como en los medios, las historias de conversión generan clics. La pregunta es si estas almas arrepentidas están comprando indulgencias en formato 2.0 o si realmente han encontrado un camino de vuelta. Como en tantas cosas, la verdad probablemente esté en un punto incómodo: ni todo es falso ni todo es sincero, pero el negocio del perdón siempre tiene clientes.