Cobrar el IMV tras agotar el paro sale caro si vuelves a trabajar
Pedir el Ingreso Mínimo Vital justo después de agotar el paro parece el final del camino. Es el principio de un laberinto. La prestación entra en la cuenta, los requisitos se cumplen sobre el papel y, un año más tarde, llega la carta. El titular de la norma promete una red de seguridad; la letra pequeña habla de devolución.
El requisito que se convierte en embudo: vivir independizado
Uno de los filtros del IMV es acreditar una unidad de convivencia propia. Traducido: no vale seguir empadronado en casa de los padres. Para un solicitante tipo —piso comprado hace años, hipoteca residual de 200 y poco euros al mes— la traba no es el patrimonio, sino demostrar que la independencia es real y antigua. Quien vive de alquiler o ha vuelto al hogar familiar lo tiene bastante más crudo.
¿Cuenta el paro como ingreso para el IMV?
Aquí empieza el nudo. La prestación contributiva por desempleo computa como ingreso y puede tumbar la solicitud o reducirla. El subsidio posterior, en cambio, deja de contar si se extinguió antes de presentar la petición. La diferencia entre un tipo de cobro y otro cambia el resultado en cientos de euros, y depende de fechas que no se revisan hasta casi dos ejercicios después.
La trampa de ratones: la devolución
El escenario más pesimista viene de la experiencia ajena: si cobras el IMV y después vuelves a trabajar, buena parte de lo ingresado por trabajo puede reclamarse como devolución, hasta el límite de lo percibido. Con una minoración provisional de unos 100 euros mensuales, la reclamación puede tocar los 1.000 euros. De ahí que se sostenga que conviene esperar a sumar un año entero sin ingresos antes de pedirla.
Con estos plazos, la recomendación prudente es retrasar la solicitud hasta enero de 2028. Y sin embargo, quien la cursa ahora no sale del sistema: solo cambia de barra. El pronóstico, con reservas: la paguica llegará. La carta de devolución, probablemente, también.