Galicia Calidade: 15 años de política, cajas y supervivencia empresarial
En 2010, cuando arrancaba el seguimiento más exhaustivo de la economía gallega en internet, la comunidad acumulaba 76 políticos imputados vinculados a 42 procesos judiciales. La 'Galicia Calidade' del eslogan turístico chocaba con una realidad de corrupción sistémica, cajas de ahorro al borde del colapso y un paro que, según los datos más crudos, había crecido en 50.000 personas en dos años. El contraste entre el relato oficial y la hemeroteca no podía ser más abismal.
La década de las cajas: rescates, nacionalizaciones y juicios pendientes
El epicentro de la crisis fue el sistema financiero gallego. En 2011, Caixa Galicia y Caixanova, fusionadas a la fuerza en Novacaixagalicia (NCG), encargaron a Goldman Sachs la venta de su red de oficinas. La renuncia de su consejero delegado, José Luis Méndez Pascual, fue solo un síntoma. Al año siguiente, el FROB nacionalizó el Banco Gallego, y el gasto de las cajas en cultura cayó a su mínimo en ocho años. Mientras, la Xunta de Feijóo se dedicaba a prometer medidas contra la opacidad de los ayuntamientos, pero los datos reflejaban una realidad tozuda: los gallegos debían en junio de aquel año un 34,67% más de lo que tenían ahorrado.
Emigración y vivienda: el espejismo del ladrillo
La crisis expulsó a 80.000 gallegos al extranjero en solo cuatro años. El mercado inmobiliario, sin embargo, mostraba señales contradictorias: Ourense presumía de ser la única provincia donde subían los pisos (0,6% interanual frente al 6% de caída nacional), mientras las hipotecas se desplomaban un 41,7%. Era la misma pauta que en el conjunto de España: ventas sostenidas por pagos al contado, pero financiación seca. El resultado era una burbuja local que solo resistía en los concellos con mayor demanda de segunda residencia y en los que el dinero opaco buscaba refugio.
El tejido empresarial: Gigantes que crecen mientras el comercio se desangra
A pesar del naufragio financiero, las grandes compañías gallegas demostraron una resistencia asombrosa. En 2024, Gadisa facturó 1.600 millones; Aluminios Cortizo, 895; Profand superó los 1.000 millones; y Coren, aunque bajó ligeramente, aún rozó los 1.100. El sector pesquero alcanzó su mayor capacidad histórica con más de 270 buques. Pero en el otro extremo, el comercio minorista perdía 1.169 negocios al año –tres cierres diarios– y la provincia de Pontevedra veía cómo sus exportaciones a EE.UU. se encarecían por los aranceles de Trump. El CTAG, centro de innovación del automóvil, anunciaba un ERE para 150 personas, y Ence preparaba 39 prejubilaciones en Pontevedra. El pulso entre la gran empresa y la economía real sigue siendo la principal tensión no resuelta.
La paradoja gallega: ¿milagro o maquillaje?
Quince años después, la economía gallega presenta dos caras. Por un lado, los grandes grupos –Inditex, Stellantis, las conserveras– baten récords, y la renta per cápita converge hacia la media española (92% en 2022). Por otro, la emigración juvenil no se ha detenido, la vivienda en las ciudades es inaccesible para rentas medias y el endeudamiento bancario sigue siendo alto. El relato oficial insiste en la 'Galicia Calidade', pero los datos de concursos de acreedores –40 solo en septiembre de 2022, el doble que el año anterior– y las cifras de cierre de comercios dibujan un escenario más matizado. La pregunta que flota es si la resistencia empresarial es suficiente para sostener un modelo que, en lo político y financiero, arrastra rémoras desde antes de la crisis.
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